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12/29/2016

Cafetería de Lagarde (Una modernidad singular)


Cafetería de Eduardo Lagarde, San Sebastián ca. 1930. Dibujo y collage.

De regreso a San Sebastián de 1920 y 1930, si hay un representante de aquello que de un modo general denominamos esfera pública, ese es Eduardo Lagarde. Si bien el arte y los artistas inciden en lo público a través de las exposiciones, certámenes y salones, la figura omnipresente de este arquitecto y dibujante describe el nervio y el pulso de lo que Habermas denominó la esfera pública burguesa, o Öffentlichkeit. Esta esfera pública está atravesada por modos de sociabilidad y de organización e incluye a la prensa, la imprenta y la urbanidad, desde la arquitectura a la semiótica del entorno construido. La caricatura juega aquí un papel destacado. Los cafés son el lugar de encuentro. Este dibujo de Lagarde para una cafetería sintetiza gran parte del espíritu vital que mueve la exposición Una modernidad singular. “arte nuevo” alrededor de San Sebastián 1925-1936 y de hecho es, una de las obras centrales a pesar de sus reducidas dimensiones. Su inclusión en el banner que anuncia la exposición así lo atestigua.

Contiene de todo aquí: la noción de estilo a la que me he referido en otro post, la urbanidad del café, la proyección diáfana del espacio amplio y abierto (alejado del estilo decimonónico del café), el suelo endamado y la iluminación adosada al techo, las líneas rectas en contraste con las curvas de los sofás, auténticos nichos para la reunión, etc. No, no se trata de una cafetería en algún lugar situado en la República de Weimar ni en Viena. Es San Sebastián, circa 1930. También se trata de un dibujo de arquitectura y un collage, con elementos de caricatura; documento híbrido de lo que en aquella época podía entenderse como la vida moderna.


Destaca en primer plano la figura recortada de una mujer vestida con un corte moderno dirigiéndose, sola, al espectador. Sombrero de medio lado y caminar firme. El dibujo registra el principio de las libertades modernas y el individualismo en la circulación en la urbe moderna. La participación y cada vez mayor protagonismo de la mujer en esa esfera pública que le era vetada hasta hace no tanto. Quiero pensar en esta figura recortada y silueteada de alguna revista de moda femenina de la época como la protagonista o actriz principal en los escenarios y entre las personas que habitan la exposición. Prestar atención a los detalles, a lo pequeño, es aquí fundamental y, he de decirlo una vez más, ¡ésta es una exposición de miniaturas y de un modo de visionado de distancia corta, en estricta intimidad, entre espectador y obra! Un fragmento de apenas unos centímetros de altura arroja una cantidad de información a decodificar que completa cualquier estudio de historia y sociología.

Es el bullicio del café (por ejemplo, el que fuera el Café Madrid) el que proporciona los tipos y las fisionomías para la caricatura social en la que Lagarde fue el reportero indiscutible, testimonio de una época. Incluso a pesar de su eclecticismo arquitectónico y la siempre poca consideración que se tiene por el arte aplicado, la decoración, la caricatura y el intervencionismo en los resquicios de la prensa. Esta cafetería como imagen y definición de un modo de vida, un estilo, que de un modo retrospectivo podríamos denominar de moderno.