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| Cafetería de Eduardo Lagarde, San Sebastián ca. 1930. Dibujo y collage. |
De regreso a San Sebastián de 1920 y
1930, si hay un representante de aquello que de un modo general denominamos
esfera pública, ese es Eduardo Lagarde. Si bien el arte y los artistas inciden
en lo público a través de las exposiciones, certámenes y salones, la figura
omnipresente de este arquitecto y dibujante describe el nervio y el pulso de lo
que Habermas denominó la esfera pública burguesa, o Öffentlichkeit. Esta esfera pública está atravesada por modos de
sociabilidad y de organización e incluye a la prensa, la imprenta y la
urbanidad, desde la arquitectura a la semiótica del entorno construido. La
caricatura juega aquí un papel destacado. Los cafés son el lugar de encuentro.
Este dibujo de Lagarde para una cafetería sintetiza gran parte del espíritu
vital que mueve la exposición Una
modernidad singular. “arte nuevo” alrededor de San Sebastián 1925-1936 y de
hecho es, una de las obras centrales a pesar de sus reducidas dimensiones. Su
inclusión en el banner que anuncia la
exposición así lo atestigua.
Contiene de todo aquí: la noción de
estilo a la que me he referido en otro post, la urbanidad del café, la
proyección diáfana del espacio amplio y abierto (alejado del estilo
decimonónico del café), el suelo endamado y la iluminación adosada al techo,
las líneas rectas en contraste con las curvas de los sofás, auténticos nichos
para la reunión, etc. No, no se trata de una cafetería en algún lugar situado
en la República de Weimar ni en Viena. Es San Sebastián, circa 1930. También se
trata de un dibujo de arquitectura y un collage, con elementos de caricatura;
documento híbrido de lo que en aquella época podía entenderse como la vida
moderna.
Destaca en primer plano la figura
recortada de una mujer vestida con un corte moderno dirigiéndose, sola, al
espectador. Sombrero de medio lado y caminar firme. El dibujo
registra el principio de las libertades modernas y el individualismo en la
circulación en la urbe moderna. La participación y cada vez mayor protagonismo
de la mujer en esa esfera pública que le era vetada hasta hace no tanto. Quiero
pensar en esta figura recortada y silueteada de alguna revista de moda femenina de la
época como la protagonista o actriz principal en los escenarios y entre las
personas que habitan la exposición. Prestar atención a los detalles, a lo
pequeño, es aquí fundamental y, he de decirlo una vez más, ¡ésta es una
exposición de miniaturas y de un modo de visionado de distancia corta, en
estricta intimidad, entre espectador y obra! Un fragmento de apenas unos
centímetros de altura arroja una cantidad de información a decodificar que
completa cualquier estudio de historia y sociología.
Es el bullicio del café (por ejemplo, el
que fuera el Café Madrid) el que proporciona los tipos y las fisionomías para
la caricatura social en la que Lagarde fue el reportero indiscutible,
testimonio de una época. Incluso a pesar de su eclecticismo arquitectónico y la
siempre poca consideración que se tiene por el arte aplicado, la decoración, la
caricatura y el intervencionismo en los resquicios de la prensa. Esta cafetería
como imagen y definición de un modo de vida, un estilo, que de un modo
retrospectivo podríamos denominar de moderno.


