Estos días la cuenta atrás del Kickstarter para ayudar a
la Marina Abramovic Institute tiene lugar con la intención de socializar la
última idea de la artista. Surgida de una “visión” que se materializó en su
cabeza después de la performance de 736 horas en el MoMA con motivo de la
retrospectiva “The Artist is Present”, Abramovic recauda fondos para su
particular instituto que llevará la firma de Rem Koolhaas/OMA. La progresiva
incursión de la “diosa de la performace” en el circuito de la moda, el divismo
y las celebridades no deja margen de duda de que gran parte de la financiación
necesaria ha sido ya cubierta. El crownfunding de 600.000 dólares es ahora una
orquestada campaña de marketing donde “artistas-performance” del show business como Lady Gaga, Anthony and The
Johnsons o el actor James Franco pueden volcar y redireccionar sus gabinetes de
prensa.
La confluencia de los mundos del arte y las celebridades
mediáticas en los Estados Unidos sigue el curso de la espectacularización y
economización de la cultura. El arte, sin embargo, supone para muchas firmas
comerciales un espacio único de distinción. La descripción conceptual de la
futura Marina Abramovic Institute MAI resulta inquietante: “centro de educación
y performance interdisciplinar, casa para el trabajo de larga duración y el
Método Abramovic”. Sin duda lo más turbador es el término Método (M mayúscula).
Como si se tratara de la invención de un doctor a la búsqueda de pacientes,
este gran Método
no deja de ser una novedad más de los numerosos productos inmateriales e
espirituales en venta.
En un destacado ensayo en Artforum el año pasado, “Farewell to an
Identity”, Benjamin Buchloh declaraba que artistas como Marina Abramovic
reconocían que había llegado la hora de identificarse plenamente y finalmente
con el orden aparentemente ineludible de la espectacularización como el modo
fundamental de su práctica, de manera que, en referencia a Abramovic, ésta no
sólo borra las últimas diferencias residuales entre el espectáculo y la esfera
de la producción cultural, sino que también amplia la legitimación del régimen
del espectáculo a los registros de la formación del sujeto, haciendo que sus
audiencias masoquista celebren su propia sujeción hacia el espectáculo como
condición de validez universal e indiscutible de la experiencia.
El Metodo Abramovic es un claro ejemplo de cómo las
prácticas artísticas contemporáneas se han convertido en totalmente
dependientes de una subjetividad neoliberal que tiene en el cuerpo y el alma su
principal objeto de colonización. Siendo esto cierto, Abramovic también nos
recuerda que el futuro ya está aquí (y el intercambio pseudo-científico de
energías cósmicas que dicho método incorpora literalmente parecería ofrecernos
todo un escenario digno de la mejor ciencia-ficción). No por casualidad que uno
de los grandes del género, el escritor Kim Stanley Robinson, se ha inspirado en
Marina para uno de sus personajes en la novela 2312 (publicada en 2012). Los gadgets espirituales y la búsqueda de una
centralidad para el alma en tiempos turbulentos es algo que viene absorbiéndose
desde las contraculturas de los sesenta recalando ahora en numerosas capas y
clases de la sociedad. Absorber la energía de minerales o asentar las raíces
del yo son viejas modalidades explotadas por el carisma de líderes y gurús
ahora al servicio del casino financiero.
* Publicado originalmente en A-desk, Barcelona, 21-08-2013