Los títulos de crédito de cine pueden ser
considerados como un género por derecho propio, siendo Saul Bass su más
acreditado maestro. En ocasiones, los títulos de crédito son el único espacio
para la experimentación gráfica y tipográfica existente en un filme. Me ha
llamado la atención la contundencia de los tradicionales títulos de crédito en Fahrenheit 451 (1966) dirigida por
François Truffaut después de la celebrada novela de Ray Bradbury. No hay texto
superpuesto, sino simple y llanamente una voz masculina que recita
mecánicamente los créditos mientras suena la banda sonora de Bernard Herrmann.
La intrahistoria de esta película dice que había otra versión de esta
introducción pero con voz femenina. En cualquier caso, la originalidad reside
en la ausencia de texto, un guiño directo a la propia historia de la novela (y
la película) en donde los libros están prohibidos y los bomberos crean
incendios en lugar de extinguirlos. Otro guiño a la narración está en el “zoom
in” hacia antenas de televisión, pues en la película la sociedad ha abandonado
la cultura libresca y literaria por el flujo continuo de imágenes recibidas
directamente en el hogar. Los filtros de color añaden el componente conceptual
y minimalista acorde con el espíritu del arte del periodo. La modernidad de
esta secuencia queda fuera de toda duda y casi cincuenta años después de su
concepción todavía resulta radical y pionera.