Me he referido en otro lugar de este blog a la figura de Ambasz, principalmente en relación a sus años como comisario en la sección de diseño en el MoMA, concretamente entre 1969 y 1976. Fue a finales de esa década, cuando a la vez que abandonaba su puesto de trabajo para desarrollar su labor como diseñador y arquitecto que Ambasz proyectó una de las casas más excepcionales que se recuerdan: la llamada Casa del retiro espiritual. Pensada para ser construida en Córdoba (España) la casa ha sido construida en el año 2006 en un paraje excepcional de Andalucía, unos 40 kilómetros al norte de Sevilla.
No es descabellado pensar que lo que ahora se ve como un ejemplo excepcional de la arquitectura verde o ecológica, tan de moda entre círculos de arquitectos, también puede interpretarse como un caso de New Age o ciencia ficción aplicada. La espiritualidad que emana de la casa queda potenciada por su carácter secular, pues hemos visto que el arte de las iglesias durante el modernismo tardío también alcanzó cotas de monumentalidad piadosa, baste pensar en las construcciones de Marcel Breuer en los Estados Unidos. Pero esta casa es eso: morada, habitación interior y atalaya.
Cabe preguntarse si La poética del espacio de Gastón Bachelard es o no es un libro que se recomienda en las escuelas de arquitectura y a partir del resultado de la encuesta mirar a nuestro entorno construido. El carácter poético de esta casa reside en su doble muro donde un mirador de tradición mozárabe es literalmente incrustado, como una forma alienígena irrumpiendo sobre la superficie pura de una geometría, en un contraste entre modernidad y lo vernáculo, a lo que hay que añadir la doble escalera de su parte trasera (una para bajar y otra para subir, según diestros y zurdos), y donde uno no puede sino fijarse en el el increíble y surreal detalle de la barandilla escabada curvilineamente en el propio muro. Una estética que surge de la imaginación poética no exenta de surrealismo. Porque esta casa auna arquitectura y arte sin complejos la una con respecto a la otra. La casa del arquitecto, diseñador y artista: Emilio Ambasz. Una casa que es máquina abstracta, vector de sensualidad y donde cada ángulo revela una perspectiva que es en sí misma un dibujo autónomo. La vista de la planta es uno de esos placeres que rara vez la arquitectura nos deja, con sus lineas curvas, sensuales, que reproducen la gestualidad de la mano manchando con clase el papel, encuadrado perfectamente en la superficie romboidal, todo ello cubierto de hierba.
Pero además, la casa fue pensada para realizarse, y aunque tarde, ha podido completarse, cuestionando la creencia de que existe una arquitectura para ser construida y de vez en cuando existe otra a que se la tacha de utópica, visionaria o artística. Podría bastar con enumerar aquí algunos visionarios que proyectaron casas fuera de la norma, y que incluso, algunas de ellas fueron realizadas: Mathias Goeritz y El Eco en Mexico DF, así como otras construcciones, o Frederick Kiessler y su Endless House, Francesco Lo Savio y Maison au Soleil, más cerca Oteiza, también, y su amigo Néstor Basterretxea con sus “volumetrías”.
En cuanto a Ambasz, hay algo en él que recuerda el bonvivantismo de Luis Barragán. El primero argentino, el segundo mexicano. Los brasileños Lina Bo Bardi y Oscar Niemeyer podrían citarse aquí, pero no es este el lugar para hablar de modernidades vernáculas.
Conviene, sin embargo fijarnos en casas realizadas por artistas que no tienen ninguna intención de ser habitables. Dreambox (La Casa) (1994) de Pello Irazu, es una escultura donde una casa yace apoyada sobre un lado del tejado. Es una escultura, de acuerdo, ¿pero acaso no es una representación de una casa? Una “esencia vaga”, fenomenológicamente hablando (Husserl). Recuerdo un magnífico texto de José Luis Brea publicado en un catálogo con motivo de una exposición de Irazu en Madrid. “Pello Irazu: visitando las casas del hombre” llevaba por título. Las casas eran las siguientes: 1. La cabaña de Heidegger en la Selva Negra 2. Casa Fansworth de Mies van der Rohe 3. Villa Malaparte de Adalberto Libera y Curzio Malaparte 4. Casa Loos (cualquiera) 5. Alteración de una casa suburbana de Dan Graham 6. My Mother’s House de Robert Venturi.La casa del retiro espiritual de Emilio Ambasz debería incluirse, si los textos tuvieran una condición retroactiva, en esa gloriosa lista. 


