
Para cualquiera de fuera del país, visitar la
Ciudad Universitaria de Caracas en diciembre de 2017 es un hecho excepcional.
Venezuela ha vivido su annus horribilis, un
momento crítico social y económico, una penuria difícilmente imaginable que es
preciso comprobar sobre el terreno. En medio del caos, una distopía en toda
regla, emerge la Ciudad Universitaria. Construida entre 1940 y 1960 está
considerada como un ejemplo excepcional de la llamada “Síntesis de las Artes
Mayores” así como uno de los casos más exitosos de aplicación de arquitectura
moderna en América Latina. La figura detrás de la UCV es el arquitecto maestro
venezolano Carlos Raúl Villanueva (1900 – 1975). El conjunto es un enorme grupo
de edificios y espacios limpiamente interrelacionados que conforma un caso
paradigmático dentro del movimiento moderno. La utopía del modernismo europeo
de los años veinte y treinta comienza a concretarse en America Latina unas
décadas después, en lo que para la historiografía es ya el llamado modernismo
tardío.
El resultado es una perfecta relación entre
forma y función, programa y uso social. Resulta llamativo la ambición, sus
proporciones y el principio de organización: la planificación total y completa
del conjunto y cada una de sus partes y detalles. Junto al arquitecto
Villanueva, una lista impresionante de artistas internaciones y venezolanos
aportan su contribución a esta síntesis: Alexander Calder, Sophie Taeuber-Arp,
Jan Arp, Vasarely, Léger, Antoine Pevsner, Miguel Arroyo, Jesús Rafael Soto,
Victor Valera, Alejandro Otero, Wilfredo Lam, Gego, y otros. Los grandes años de la
modernización de Caracas coincidieron con la dictadura militar de Marcos Pérez
Jiménez (de 1952 a 1958). La Universidad fue de hecho inaugurada parcialmente
en diciembre de 1953. Otros proyectos de obras mayores e infraestructuras
vitales para la ciudad datan de ese mismo periodo, como por ejemplo el
Helicoide (1956), impresionante edificación de carreteras en espiral que pasó de
ser un centro comercial a una prisión. Modernidad aquí equivale a
modernización.
Esta imponente obra de ingeniería e inteligencia
colectiva es uno de los conjuntos urbanos más importantes del mundo, y desde el
año 2000 es patrimonio mundial gracias al reconocimiento de la UNESCO. Sin
embargo una condición de ruina moderna la amenaza. No es solo la necesidad de
implementar medios materiales en su restauración y conservación en una
coyuntura de crisis absoluta. Resulta imprescindible mantener vivo el legado de
la modernidad en tiempos de polarización ideológica.
A una primera fase de la posmodernidad como
crítica de los excesos modernos le ha seguido más recientemente una fascinación
retro y citacionista por las llamadas modernidades vernáculas, entre las cuales
sin duda la tropical es la más mencionada y exitosa. Mi impresión es que de un
tiempo a esta parte los modelos modernos mexicanos y brasileños han devenido
más populares que el venezolano, y ello se explica en la historia política de
este país en los últimos veinte años. Como Jameson dijera una vez, al referirse
a este revival del modernismo en las artes, cada vez que se usa la palabra
modernismo conviene hacer el ejercicio de remplazarlo por capitalismo. Ante el
creciente riesgo de aislamiento, este conjunto que es la Ciudad Universitaria
de Caracas brilla con una luz propia y nítida.
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A continuación una pequeña selección de
fotografías tomadas durante la visita el 15 de diciembre.
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| La universidad es un vertido gigante de "concreto" organizado secuencialmente entre zonas abiertas y otras cerradas. La luz natural esculpe los espacios de manera que no existe necesidad de luz artificial. En ese ambiente los estudiantes trabajan en espacios abiertos y generosos. Aquí la Facultad de Arquitectura con una vista a la derecha del mural de Victor Valera, una celosía que deja percibir una sutil abstracción de signos en negro sobre blanco. Todo el fondo es una teselado blanco y negro. El sistema de teselado y mosaico puede verse por todas partes en la Universidad, en muchos lugares con desprendimientos importantes. |
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| Justo encima de ese espacio de lectura se encuentran tres esculturas de Alexander Calder, un mobile llamado Ráfaga de nieve (1953), un Stabile-Móbile con hoja horizontal (1955) y otro Stabile denominado Estalagmita (1955). Al lado del primer mobile una obra colgada de Gego. En tiempos en los que el arte moderno ha pasado a estar, literalmente, custodiado por los museos de arte moderno y contemporáneo, cuando el mercado del arte ha proyectado todos sus tentáculos sobre el legado moderno y el valor mercantil es un asunto de especulación financiera, estos Calder en plena convivencia con la función para la que fueron creados resulta una anomalía. Uno de los muchos tesoros guardados por la universidad. |
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| Centenares de metros de estos pasillos recubiertos recorren las distintas facultades. Los soportes de la techumbre se dispone únicamente en uno de los lados en un alarde de diseño e ingeniería, dando la sensación de un techo flotante o en voladizo en todo el recorrido. Aquí Villanueva jugó con las condiciones climáticas de Caracas donde el sol, el viento y la lluvia intensa marcan la metereología. La adaptación del credo de la arquitectura moderna al clima del lugar fue uno de los temas candentes de la modernidad y alcanzó su momento álgido en las "aplicaciones" tropicales del modernismo tardío. El espíritu de la Carta de Atenas (1933) de Le Corbusier se deja sentir aquí. El circular deviene primordial. Junto con los pasillos de cemento, distintos recorridos rompen la homogeneidad del césped. La vegetación es aquí fundamental, pues crece en este lugar de manera frondosa dotando al conjunto de liviandad e interrelación con el paisaje donde se asienta. El verde alivia la masa del concreto. |
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| La facultad de Ingeniería es otra obra digna de consideración. Los mosaicos vitreos industriales y perfiles de aluminio con los que Alejandro Otero diseña esta fachada resultan perfectos si tenemos en consideración a forma de la techumbre. Esta simbiosis entre arte y arquitectura (aquí Villanueva y Otero), se reproduce continuamente en toda la universidad. |
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| El Hospital Universitario de la UCV es un imponente y elegante conjunto blanco con los tres colores primarios que definieron el estilo de la Bauhaus y De Stijl. En el bloque de abajo se aprecia el estilo "paquebot" de Le Corbusier. La vegetación salvaje que envuelve a esta construcción hace de su contemplación algo parecido a un sueño onírico. Imagen realizada desde la azotea del edificio de la biblioteca central. |
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| Celebrando la Modernidad. La propia universidad cuenta con sus propios organismos de preservación y puesta en valor en la difícil coyuntura actual: copred Ucv. La imagen aquí presente es de Victor Vasarely, de título Sophia (1954). Consiste en tres paneles de cerámica esmaltada y concreto pintado con los típicos juegos y efectos ópticos de este artista. Lo interesante es que estos tres murales se incrustan en la torre de refrigeración (u ocultan las grandes turbinas que allí se encuentran). Justo enfrente una escultura de Antoine Pevsner, El dinamismo en 30 grados (1953). |
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Sin duda la joya de la corona es el Aula Magna con las Nubes Acústicas (Platillos voladores) (1953) de Alexander Calder. El aula cuenta con un aforo para 2700 personas y anualmente es el lugar de la ceremonia de graduación de los estudiantes. Las fotografías no son capaces de recoger la magia de este gigantesco espacio, un mar de nubes sobre cielo estrellado en el que es una de las obras escultóricas monumentales del siglo XX. Como bien dice el título, este Calder es al mismo tiempo un mobile y una serie de paneles de absorción de sonido. Las dimensiones de cada una de las piezas varía y el grosor se mantiene (aprox. 25 cm). Cada nube es una pieza de madera maciza policromada. La gama pictórica pasa de los colores básicos (rojo, amarillo y azul) al tonalidades de beige, pero todo ellos ha sido sometido a un rebaje de intensidad para encajar a la perfección con el beige, marrón y granate. La parte baja de los asientos está agujereada para que sirvan a la función de absorción. Los paneles están anclados al techo o las paredes laterales de manera fija y los anclajes desaparecen a la mirada en la inmensidad del espacio abierto. Desde el techo se abren en algunas nubes pequeñas ventadas donde poder bajar a la nube para su mantenimiento. Soportan sin problemas el peso de una o más personas. La anécdota cuenta que primero se instalaron las nubes de acuerdo al plan de Calder. Pero luego le pidieron permiso para modificar ligeramente su posición de acuerdo a la mejor adaptabilidad acústica. Para ello una orquesta ensayaba en el auditorio mientras se iban moviendo a un lado y a otro las pesadas nubes. Una linterna hacía las veces de láser para indicar la posición idónea de cada una. Forma y función en plena conjunción. Una visita imposible de olvidar. |
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| Uno de los iconos de la Ciudad Universitaria de Caracas es El pastor de nubes (1953) de Jan Arp. Al fondo un mural de Mateo Manaure. |
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| El paso del tiempo se deja sentir en los edificios. Un aspecto importante de la arquitectura moderna de este periodo es la idea de ritmo. Queda aquí perfectamente reflejado en el uso del color amarillo para dotar de dinamismo y romper la homogeneidad de la fachada. |
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| Los edificios cuentan con espacios como este donde un parterre se nutre de la lluvia estando en el interior a la vez que el sol modifica la percepción del espacio y dota de calidez al entorno. El término environment vendría a englobar algunas de las interacciones que aquí se producen. |
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En este lateral se puede apreciar un mural de mosaicos vitreos de Fernand Léger (1954). Los pasillos, balcones y el concreto que va del suelo a las paredes es la marca de la Universidad. El brutalismo no debe ser desechado.
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