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3/07/2016

Un crítico: Manel Clot


“On échoue toujours à parler de ce qu'on aime” (se fracasa siempre al hablar de lo que se ama). Esta frase de Roland Barthes citada por Manel Clot (1956-2016), me acompañó durante el último año de carrera. Realicé un dibujo de formato medio con la cita de Barthes y una fotografía en degradado con el texto de Manel (ya no recuerdo cual era). Poco después, entre septiembre y octubre de 1995, le conocí en Vic, dentro de un taller impartido por Pep Durán en la QUAM Quinzena d'Art de Montesquiu, donde Manel era un invitado de excepción. Recuerdo perfectamente la situación y el hilo de la conversación. Entonces mi práctica era entre escultural y textual, de algún modo escritura aún sin concretar. El encuentro con el crítico al que seguía es uno de los recuerdos mejor grabados en mi proceso de formación y crecimiento. Algunos años después me decanté por la crítica, pero aquel fue mi único encuentro con él. Nunca más volvimos a coincidir ni nuestros destinos se cruzaron.

Manel Clot, sus escritos y artistas, ensancharon mi etapa formativa; La escultura vasca y una nueva generación naciente en mestizaje con los Durán, Pep Agut, Jordi Colomer, Mabel Palacín / Marc Viaplana, Aballí… Una publicación minúscula de la Galería Elba Benítez sobre el trabajo presentado en el Aperto’93 de la XLV Biennale de Venezia por Pep Agut, Persona, siempre me acompaña. El texto de Clot, “La mirada del sordo”, es un ejercicio escritural alrededor de algunos de los ejes temáticos del periodo. El repertorio de los temas de Clot: el sujeto de experiencia, los actos de visión, las ilusiones de la representación. Manel Clot publicó ampliamente en la revista Zehar de Arteleku, y fue asiduo al centro situado en Loiola (San Sebastián). Impartió un taller de crítica y fue, en 1992, visitante, durante el taller de Pepe Espaliú en el que tuvo lugar el Carrying que atrajo la atención de los medios de comunicación de toda España. Los archivos lo recogen hablando con los artistas, vaso de vino y tortilla en la mano.

A tenor de las emotivas respuestas de varias generaciones de críticos y comisarios estos días (también las de muchos amigos), su huella no fue endeble. Al contrario. Una colectividad. Manel Clot era un crítico para quien la palabra lo era todo. La palabra, la escritura. C’est ça! Siempre a la búsqueda de la frase perfecta; un escritor, coleccionista de frases. La incertidumbre del Texto. El deseo en cada resquicio y por encima de todo, la promesa y la imposibilidad del amor. Sus frases cinceladas y un uso del francés más que personal lo situaban en la corriente de Barthes, a la espera de una siguiente cita a venir de Blanchot. Cuando no eran franceses podía ser Beckett, o también Pet Shop Boys.

El lenguaje, la escritura, y el sujeto de deseo. Manel Clot ejemplificaba una posición prácticamente hoy extinta; la del crítico. Sí, “crítico”, así, a secas. Comisariar exposiciones era entonces la continuación por otros medios de la escritura, el texto, y también esa parte tan afectiva y doliente que fue su relación con los artistas. Su tiempo de máximo brillo, finales de los ochenta y la década de los noventa, puede verse ahora como el final del periodo de la crítica antes de la emergencia del comisariado tal y como lo conocemos ahora. Clot, y también José Luis Brea, aparecen ahora como heraldos de un tiempo extinguido; la crítica de arte en España está huérfana.

Creo recordar que lo último que leí de Manel Clot era algo muy breve, en un suplemento cultural, quizás en el Tentaciones de El País. Aplicar la brevedad y el estilo chispeante de la crítica musical a la crítica de arte. Cuanta mayor concisión y limitación, más precisión y atención al lenguaje. Porque además, Manel Clot representaba una modalidad de crítico ahora mismo casi prohibitivo: uno capaz de simultaneizar la crítica pura y el reseñismo basado en el juicio en paralelo a los escritos más subjetivos, complejos y poéticos que nos podamos imaginar.

“On échoue toujours à parler de ce qu'on aime”. Y por esto mismo, la escritura lo era y lo es todo.