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12/31/2012

Nota sobre "Disabled Theater"



En el preciso instante en el que comienzo esta nota sobre Disabled Teather, del coreógrafo Jérôme Bel, comienza el baile de los hits del 2012, en donde todo apunta a que esta pieza presentada en la pasada dOCUMENTA(13) tiene todos los boletos de ser una de las más incluidas. Sí, me refiero a las listas de las obras de arte y las exposiciones más destacadas, donde la inclusión de Bel certificaría “el giro performativo” que se viene dando de un tiempo a esta parte en la institución-arte o, lo que es lo mismo, la museificación de la “escena”. Lo interesante de la pieza de Bel se encuentra en que la obra misma va dirigida a esa difícil frontera que separa las emociones y los afectos. Aunque a primera vista pudieran parecer lo mismo, su distinción radicaría en que las emociones pertenecen a categorías filosóficas que van desde Aristóteles a los actuales departamentos de psicología (admiración, miedo, ansiedad, odio, valentía y demás), mientras que los afectos pertenecen más al ámbito de las pasiones motivacionales que arrastra a la gente a cierto tipo de irracionalidad. Desde mi punto de vista, Disabled Teather (con la puesta en escena del teatro HORA, una compañía profesional suiza de actores con diferentes discapacidades), busca subvertir y revolucionar ambas categorías, pues no solo consigue atribuir emociones al acto de pensar, sino que posiciona los afectos no únicamente en función de sentimientos corporales. Lo que pasa por la mente del espectador en Disabled Teather resulta muy complejo, psicológicamente hablando, y obviamente los hay que se abandonan a la emoción y a los afectos que generan los actores en escena desde el instante cero, y los hay también, quienes como yo, no pueden dejar de pensar en el propio dispositivo manipulador puesto en marcha. Ocurre que uno acaba por ceder, y la comprobación de la conmoción, esto es, la prueba de la capacidad para impactar y disolver los dispositivos o aparatajes críticos y de distanciamiento con los que nos proveemos, resulta la mejor de las garantías de que algo fuerte y verdadero está pasando en escena, o en el interior de uno mismo. Algo, que desborda los canales de autocontención. Algo, que consigue desarbolar la crítica, o al menos suspenderla por un instante.

En este sentido, Disabled Teather funciona como un dispositivo hermético, un método brechtiano de distanciamiento que a la larga (según pasa la pieza) se erige en su propio potencialializador. Jérôme Bel no inventa nada nuevo aquí, sino que simplemente ejecuta el guión ya puesto en marcha con la que es su obra más emblemática hasta el momento: The Show Must Go On.

Que un dispositivo de distanciamiento sea aplicado a un grupo de discapacitados psíquicos únicamente puede generar polémica, o si se quiere, interpretaciones al límite. Nada de término medio. Así el mecanismo “manipulador” de Bel (con respecto al espectador) contrasta con un sentimiento sincero y verdadero del coreógrafo hacia el grupo de actores, y él mismo ha reconocido en el curso de alguna entrevista que cuando vio por primera vez en acción al grupo HORA, el sentimiento fue tan fuerte que necesitó realizar un ejercicio en su interior para localizar su origen y naturaleza. No estaría de más alinear a Bel, de este modo, con ese otro gran manipular que es el cineasta Lars von Trier. Ambos utilizan recursos de Brecht a lo largo de sus trayectorias. En Disabled Teather la figura del mediador se antoja como central, esta figura (un chico de mediana edad cuando lo vi) es la encargada de introducir a los actores y al propio Jérôme, en tercera persona (rasgo brechtiano par excellence). Este mediador, o figura que va introduciendo la pieza, se presenta como alguien neutral, que con su actitud zen y su mera posición corporal y física en escena, canaliza todo lo que a continuación vendrá. No se si Disabled Teather merece estar entre lo mejor del año, en arte contemporáneo o en “coreografía expandida” (Marten Spangberg dixit), lo único que se es que merece prestar atención a los mecanismos subjetivos que producen afectos o desafecto, así como emociones de todo tipo, en una era caracterizada por un capitalismo de ansiedad que nos golpea de modo individual y colectivo. 

* Publicado originalmente en a-desk, 29-12-2012


11/16/2010

Taller de auto-reflexividad crítica para artistas, Inmersiones 2010, Vitoria-Gasteiz

Desde la semana que viene estaré llevando este taller en Vitoria-Gasteiz. 

¿Qué es la auto-reflexión? ¿Qué la crítica y la auto-crítica? ¿Cómo se puede ser consciente y a la vez auto-consciente? La noción de auto-reflexibidad aparece en el cine de Jean-Luc Godard, y debe su ser a la invención a comienzos del siglo XX por Bertolt Brecht del “teatro épico” y el efecto de distanciamiento, es decir, una llamada a la interrupción y a la toma de una posición crítica con respecto a lo representado en la pantalla y en el escenario. Mientras que los modos tradicionales de cine buscan absorber a la audiencia dentro la pantalla aceptando la autenticidad del mundo y la historia que se cuenta, el estilo auto-reflexivo busca recordar constantemente a esa audiencia la cualidad constructiva e ilusoria del arte. Este taller va dirigido a artistas que deseen observar su propio trabajo con cierta distancia, separándose de la obra por un instante, analizando la cualidad de la obra desde una perspectiva que posteriormente les permita modificaciones estructurales de largo alcance. Por un momento, se trata de que los artistas se posicionen como los críticos de sus propias obras. Esta necesaria exterioridad es fundamental a la hora de evaluar el trabajo, presentarlo, explicarlo en público, escribir statements y hasta para elaborar un curriculum. El taller se establecerá durante los días 22, 23 y 24 de Noviembre en sesiones de mañana y tarde. El taller sera tanto teórico como práctico y los artistas deberán traer material de su trabajo en formato digital, y/o dossieres, y/o todo aquello que consideren oportuno. La finalidad del taller no girará sobre la producción de “obra” sino sobre su reflexión y la conformación de una auto-consciencia.