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3/18/2016

Workshop, workshop, workshop!


Acerca de la actualidad del formato "taller"

Hubo un momento a comienzos de la pasada década donde la idea de la exposición como lugar para el arte fue ampliamente debatida y contestada. Hacer exposiciones o no hacerlas; ese parecía el dilema para artistas seducidos por las posibilidades del “proyecto” y para curators interesados en reformular el legado crítico del arte conceptual. Pero la exposición no murió, siguió siendo el canal principal para la visualización del arte. Sin embargo, ¿quién iba a predecir que el taller y la idea del workshop devendrían en un formato para la expresión y la comunicación del arte tan al alza? No hay institución ni museo que se precie que no los programe. Ninguna exposición sin talleres paralelos. Tampoco noticia en la lista de distribución Art & Education sin la palabra workshop. Sí, porque workshop significa taller, aunque la acepción castellana tenga esa resonancia industrial y de manufactura que en muchas ocasiones ya no conviene. Un workshop puede ser, no obstante, un comodín para casi cualquier cosa. También un buen MacGuffin; un objeto transicional que moviliza y canaliza intenciones no del todo claras. Un espacio para la producción. ¿Por qué no?

Una pequeña historia de los talleres en el Estado español remite a los programas de formación no reglada y post-académica que emergieron en paralelo a la vertebración institucional y museística durante los ochenta y noventa. Entre los más destacados cabe referirse a los cursos de Arteleku en San Sebastián; los talleres de Arte Actual en Madrid; y los más veteranos que datan de finales de los setenta, a saber, la Quinzena d'Art de Montesquiu (QUAM) desarrollados en distintos puntos y localidades de la geografía catalana a través de distintas etapas y modos de organización. A estos les siguieron Hangar en Barcelona, abierto en 1997 a iniciativa de la Associació d’artistes visuals de Catalunya (AAVC) y cuyo objetivo era responder a la demanda ante la escasez de espacios dedicados a completar la formación de nuevas generaciones de artistas; el centro Bilbaoarte abierto en 1998 y otros como el más reciente espacio de La Térmica en Málaga, por citar solo algunos.

Surgió de estos talleres la posibilidad de un espacio compartido para el conocimiento y la experiencia del arte. Contrastar conocimientos y opiniones, encontrar artistas, forjar amistades. También la reunión de artistas de distintas generaciones, críticos y pensadores. Al principio estos talleres eran casi todos prácticos e impartidos por artistas con la trayectoria suficiente para atraer a un buen número de participantes. La temporalidad podía oscilar de quince días a varios meses, pero un formato estándar rondaría el mes de duración. Con el paso del tiempo fueron incorporando foros con ponencias de expertos internacionales (así se organizó por ejemplo la QUAM desde 2001, con la puesta en marcha del espacio de reflexión Fòrum QUAM en paralelo a los workshops y también una plataforma para la presentación de proyectos). La tipología de los talleres giraba sobre la excepcionalidad del propio hecho, la ralentización del tiempo de reflexión y producción y la configuración de una zona temporalmente autónoma situada entre la universidad o la escuela, y la realidad (a menudo dura) del sistema profesional; un espacio desde donde poder hacerse artista. Esta temporalidad expandida y generosa hacía que un artista pudiera realizar unos cuantos, pocos, talleres, cumpliendo así un ciclo formativo, dejando el relevo a nuevas generaciones. Aquellas personas “enganchadas” a la dinámica de hacer talleres eran denominados talleristas.

Con un mínimo de perspectiva histórica, puede decirse que esta situación se ha invertido ahora, y que las actuales generaciones de artistas son talleristas obligados o sin alternativa. El estado de excepción del workshop como formato ha mutado en una inabarcable oferta de micro-talleres, micro-seminarios y en un amplio surtido de posibilidades para forjarse un currículum académico de masters y tesis doctorales. La completitud y la vertebración museística e institucional ha generado un nuevo umbral ensanchado para la formación permanente -en sintonía con ese diagnóstico tan repetido sobre las nuevas generaciones de jóvenes que no consiguen acceder al mercado laboral: esto es, la sobrecualificación. El arte sigue aquí la lógica gravitacional de otras dinámicas sociales y económicas como son la academia y la universidad; esa nueva fábrica de la que no conseguimos salir. La cantinela de que nunca estamos suficientemente preparados, apurando el tiempo para apuntarnos a un nuevo curso. La consideración “temporal” y provisional de la formación se ha extendido a la vida entera. Con workshops que duran, por ejemplo, un día o una tarde, un joven artista puede, en un año, labrarse un currículum bien largo con el que presentarse a una beca. No sorprende entonces que en los currículums el listado de workshops y la plusvalía de nombres supere en largo a las exposiciones individuales o colectivas realizadas.

¿Qué tipología de artista sale de esta nueva configuración de la educación artística? ¿Y qué hay de los que quieren aprender una técnica manual o de grabado, serigrafía o escultura? Preguntar dónde y en qué estado se encuentran estos talleres y por su disponibilidad y accesibilidad no supone añorar ninguna disciplina sino interrogar por quién y cómo se controlan los medios de producción, si estos son públicos o privados y otras consideraciones materiales de la producción artística. La cada vez mayor relevancia otorgada a lo cognitivo en la obra de arte no eclipsa el carácter experiencial, especulativo, de esa obra de arte. En respuesta a estas consideraciones sobre el estado de la educación artística, algunos artistas pusieron en marcha el año pasado un proyecto experimental de escuela en San Sebastián, Kalostra, recogiendo el relevo de los talleres del desaparecido Arteleku, aunque la Diputación de Gipuzkoa ha cancelado dicho proyecto (después de menos de un año de duración) por una supuesta simultaneidad y solapamiento con el recién inaugurado centro de Tabakalera.

Resulta imposible en esta evolución obviar las novedades que la emergencia de la figura del comisario ha incorporado: “comisariar” la educación o la inflación de la “mediación”. El educational turn o “giro educativo” puede resumirse como la mirada lanzada desde las estructuras institucionales y desde el comisariado a la educación como un modelo de relaciones y de producción útil para los artistas. Pero algunas de las iniciativas de este “giro educativo” han estado más preocupadas por “discursivizar” la educación (o comisariarla) que por verdaderamente ofrecer alternativas prácticas reales, lo que en ocasiones ha desembocado en un pliegue sobre sí mismo. El “giro educacional” es entonces más retórico que propiamente un espacio para la formación; todo pliegue conlleva implícito un grado de tautología y auto-referencia. Por ejemplo: ¿un workshop “sobre” la idea del workshop? No, no es ficción. Estos días de marzo la Fondazione Antonio Ratti en Como (Italia), ofrece al público el programa Workshop on Workshops, un simposio más que, hélas, ¡un workshop! Las intenciones de este programa consisten en “intentar mapear y explorar diferentes direcciones en educación e investigación dentro de las prácticas artísticas en el contexto de residencias, workshops y programas de educación alternativos”. Un caso palmario de “giro educativo”.


Pero lo que no ha cambiado, y sigue siendo una verdad inalterable antes y ahora, es la máxima de John Andrew Rice, fundador de la legendaria Black Mountain School en 1933, según la cual los estudiantes pueden ser educados para la libertad únicamente por profesores que son ellos mismos libres. (Students can be educated for freedom only by teachers who are themselves free). Éste es el primer y fundamental principio. Acto seguido, que comiencen los talleres.

* Publicado originalmente en A-desk, 7-03-2016

7/11/2013

Jóvenes e investigadores


Si no bastaban Facebook, Twitter y Lindkelin ahora hay que añadir una nueva red social que apunta alto. Me refiero a Academia.edu, la web que permite hacerte un perfil y acto seguido subir textos de todo tipo en formato word y pdf. Descrita en alguna parte como el “Facebook de los nerds”, esta red social cuenta ya con 1.5 millones de papers subidos. Su acceso es restringido a los miembros. Con motores de búsqueda en Google y mediante tags y otros recursos web (estar en Facebook es un must), Academia.edu permite hacer un seguimiento de cuales son los textos más “vistos”, de donde vienen las consultas, etc. Analytics al poder. Huelga decir que esta red social en boga es una herramienta adecuada para la “investigación”, sobre todo cuando se refiere al dominio tradicional de las artes y las letras.

El interés de Academia.edu reside no ya en compartir los frutos de años de investigación sino en la creación de un network donde cuenta más el propio medio y la conectividad que la lectura propiamente. De hecho, es el medio perfecto para la pasividad y el voyeurismo.
Quizás también por ello, un pequeño icono de ojo marca cada paper ojeado, que no leído. El deseo de controlar al otro es proporcional al deseo de que los demás tengan acceso a nuestras fuentes, en definitiva, de que nos controlen. El deseo es de ida y vuelta. Como un Facebook intelectual, Academia.edu no es el espacio donde la educación aspira a redimirse del contrato social que la ata a los poderes económicos y políticos, sino más bien la prolongación de ese espacio de mercado que es también la academia y la universidad. Un espacio, éste, que ya no está restringido al aula sino que está expandido por los cuerpos (en sintonía con aquel paso de las sociedades disciplinarias a las de control descrita por Deleuze a propósito del estudio de su amigo Foucault). La academia es ahora refugio y no un espacio del que se desea salir a toda costa. Educación perpetua, sin fin. Nunca estamos lo suficientemente preparados, etc. ¿Acaso la última ilusión neoliberal?

Roland Barthes escribió en 1972 un texto que tituló “Los jóvenes investigadores” en donde exponía las constantes divisiones a las que se enfrentan los estudiantes. Su labor está marcada por la improductividad. El investigador (interpretemos todo esto con perspectiva) está socialmente excluido y su labor está abocada a la represión de los discursos; el de la cientificidad (la Ley) por un lado y, por otra parte, el deseo, la escritura. Barthes recomienda que el trabajo de investigación debe estar inserto en el deseo. Si no es así, el trabajo es moroso, funcional, alienado, movido por la pura necesidad. En este sentido, las tesis son discursos reprimidos. Y escribe: “Es necesario que la investigación deje de ser ese parsimonioso trabajo que se desarrolla ya sea en la ‘conciencia’ del investigador (forma dolorosa, autista, del monólogo), ya sea en ese miserable vaivén que convierte al ‘director’ de una investigación en su único lector. Es necesario que la investigación alcance la circulación anónima del lenguaje, la dispersión del Texto”.

Como toda herramienta del capitalismo tardío, cognitivo e inmaterial, Academia.edu es otro producto ambivalente capaz de cambiar sus valencias y convertirse en un instrumento para la producción social (de dispersión de texto) o de control social. Barthes deja caer que la toma de conciencia de que esto circula es la divisa de toda escritura. Pongámonos a que así sea.

* Publicado en A-desk, Barcelona, 10-07-2013

10/03/2012

¿Socializar o educar?



Duquan, Randy, Michael, Namond: los peligros que les acechan son grandes

The Wire, temporada 4, episodio 10. Howard “Bunny” Colvin dirige el experimento educativo con los chicos más conflictivos. De oficial de policía a maestro, el utopianismo de Mr. Colvin ha pasado del enclave geográfico de “Hamsterdam” a una célula piloto en la escuela de Baltimore, donde también “Prez” pone en práctica su método de aprender mediante rodeos y desviaciones varias. Aprender jugando, aprender practicando, aprender a… aprender (learning to learn). “Prezbo” se da cuenta rápidamente que la “letra con sangre” no entra. Él es, en todo caso, el “maestro ignorante” de Rancière (no su explicación retórica, académica y discursiva, sino su aplicación verdadera). Pero los chicos y chicas apartados para el programa experimental de Colvin y su colega universitario están en otra dimensión; un mundo abocado a las esquinas. No es cuestión de plantarles delante siquiera un libro de texto. La cuestión entonces, ante la amenaza de la cancelación del programa piloto por escandaloso, es qué debe preceder a qué, esto es, si los chicos deben ser socializados antes que educados o si, por el contrario, el sistema educativo debe atenerse a unos estándares normativizados. Obviamente Colvin y su colega creen que la educación viene a través de la socialización, y que la inteligencia de los chicos se aplica al mundo que conocen y al que están abocados, las esquinas, no al requerimiento de la normatividad del sistema educativo. Sabe Colvin que solo entonces, a través de la anormalidad educativa, existe la esperanza de que en un futuro los chicos tomen un camino alejado de las esquinas. La revolución en la educación aparece reflejada en la temporada 4 de manera inigualable, haciendo de The Wire un instrumento de análisis social. No harían mal algunas instituciones dedicadas al arte contemporáneo que tienen en la educación y la relación con comunidades uno de sus pilares (pienso por ejemplo en el Museo Nacional Centro Reina Sofía, o el CA2M Centro Dos de Mayo, o en los programas de estudios independientes tipo PEI, Macba), en fijarse en la temporada 4 de The Wire. ¿Quién iba a decirnos además, y sin un ápice de ironía, que la televisión es educativa?

11/16/2010

Taller de auto-reflexividad crítica para artistas, Inmersiones 2010, Vitoria-Gasteiz

Desde la semana que viene estaré llevando este taller en Vitoria-Gasteiz. 

¿Qué es la auto-reflexión? ¿Qué la crítica y la auto-crítica? ¿Cómo se puede ser consciente y a la vez auto-consciente? La noción de auto-reflexibidad aparece en el cine de Jean-Luc Godard, y debe su ser a la invención a comienzos del siglo XX por Bertolt Brecht del “teatro épico” y el efecto de distanciamiento, es decir, una llamada a la interrupción y a la toma de una posición crítica con respecto a lo representado en la pantalla y en el escenario. Mientras que los modos tradicionales de cine buscan absorber a la audiencia dentro la pantalla aceptando la autenticidad del mundo y la historia que se cuenta, el estilo auto-reflexivo busca recordar constantemente a esa audiencia la cualidad constructiva e ilusoria del arte. Este taller va dirigido a artistas que deseen observar su propio trabajo con cierta distancia, separándose de la obra por un instante, analizando la cualidad de la obra desde una perspectiva que posteriormente les permita modificaciones estructurales de largo alcance. Por un momento, se trata de que los artistas se posicionen como los críticos de sus propias obras. Esta necesaria exterioridad es fundamental a la hora de evaluar el trabajo, presentarlo, explicarlo en público, escribir statements y hasta para elaborar un curriculum. El taller se establecerá durante los días 22, 23 y 24 de Noviembre en sesiones de mañana y tarde. El taller sera tanto teórico como práctico y los artistas deberán traer material de su trabajo en formato digital, y/o dossieres, y/o todo aquello que consideren oportuno. La finalidad del taller no girará sobre la producción de “obra” sino sobre su reflexión y la conformación de una auto-consciencia.

4/08/2010

Book launch: Curating and the Educational Turn

Curating and the Educational Turn 



Con este título se ha presentado un libro en el que he escrito un ensayo titulado, "Education With Innovations: Against Educational Art-projects". Este nuevo libro es, de alguna manera la continuación del auto-aclamado "bestseller" Curating Subjects editado por Paul O'Neill, ahora co-editando con Mick Wilson. Si en el primer volumen se abordaba el asunto comisarial desde perspectivas históricas y de actualidad, ahora se toca el tema de la educación y el comisariado, no la educación per se. Es importante destacar que ya en el primer volumen uno de los casos de estudio como nuevo curating fue la estructura D.A.E. (Donostiako Arte Ekinbideak) que dirigí conjuntamente con Leire Vergara, en concreto nuestro proyecto Film Ideal Siempre para Manifesta 5 en San Sebastián (2004) y que fue elaborado por la artista irlandesa Sarah Pierce. 
Ahora, como respuesta a la invitación de los editores para elaborar un texto, he recopilado una serie de ideas, algunas polémicas, acerca del reciente énfasis en la educación y la pedagogía como material para el arte y el comisariado. Algunas de estas ideas fueron desarrolladas teóricamente en diferentes charlas, especialmente una organizada por Francesc Ruiz en el centro Sant Andreu de Barcelona, aunque la base práctica hay que encontrarla en el taller We rule the school  que co-dirigí con Leire Vergara en Arteleku (2005).

Básicamente mi crítica se centra en los proyectos artísticos que recurren a la educación como tema o asunto central, a la vez que defiendo un arte realizado pedagógicamente. Esto recuerda a la famosa sentencia de Godard de hacer no películas sobre política sino a hacer cine políticamente, pero lo cierto es que la insistencia en la educación como materia central corre los riesgos típicos de la tematización. De hecho, los editores lo dejaron claro, este libro no era sobre educación en el arte, el caso Bolonia, el estado de las escuelas de arte y demás, sino sobre precisamente el giro discursivo en el cual la educación y lo pedagógico devienen ellos mismos discursos dentro del arte, en eso que también se ha denominado como "discursive turn". Aunque mi título puede conducir a error, éste está sampleado del
grito Brechtiano "A theatre with Innovations: against renovations" que se puede encontrar en textos como "The Modern Theatre is the Epic Theatre"(1930), o "A Short Organum for the Theatre" (1948) (Brecht on Theatre) etc. 
Por lo cual, la primera parte de mi texto está centrado en desbaratar algunos espejismos relacionados con este "discursive turn" relacionado con lo educacional y el comisariado. La segunda parte es más práctica y aparte de comentar la experiencia de We rule the school me centro en soluciones reales a la hora de unir práctica artística y educación, con la inestimable ayuda de Bertolt Brecht y Roland Barthes, en especial el ensayo de éste último "Au seminair". Próxima parada de la puesta en práctica de estos métodos: CRÍTICA PRÁCTICA; taller de crítica de arte y escritura sobre arte contemporáneo en el Centro Montehermoso de Vitoria a partir del 14 de mayo.