Mostrando entradas con la etiqueta modernismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta modernismo. Mostrar todas las entradas

7/21/2018

Georg Simmel, arqueólogo de la modernidad




La fama de Georg Simmel en la sociología es de sobra conocida. Su renombre le viene también a través de los testimonios de discípulos y admiradores más jóvenes: Ernst Bloch, Georg Lukács, Walter Benjamin… Pues la obra de Simmel puede verse como una nítida radiografía de la modernidad y la modernización de la vida en las grandes urbes de finales del siglo XIX y principios del XX. Su trabajo más influyente atraviesa la sociología y el urbanismo al situar la rapidez de las conexiones y las relaciones en la ciudad como la base para definir la modernidad. De ese modo, su ensayo Las grandes ciudades y la vida intelectual se erige en una arqueología del modus operandi del urbanita moderno: su traducción inglesa como The metropolis and mental life llevó a pensar durante mucho tiempo que el texto en sí era una reflexión sobre la psicología y los efectos de la ciudad en la psique humana. La clave, sin embargo, está en el concepto de “vida intelectual”, el auténtico motor de las nuevas relaciones en la ciudad y que, gracias a la intelectualidad, genera todo corrimiento en las clases sociales y modos de organización.

Fijándose en aspectos nimios de lo social, en detalles insignificantes que parecen no perfilan a primera vista los rasgos decisivos de toda una sociedad, Simmel elaboró una teoría de la modernidad como una totalidad unitaria. Lo pequeño, lo que casi no es tomado en cuenta, incluso lo despreciable, eran para este sociólogo material de estudio. Entre sus temas destacan la coquetería, la moda femenina, la aventura, la clase ociosa y especialmente la importancia del dinero (estudiada en Filosofía del dinero). Un asunto vital fue la lucha entre la individualidad y el colectivo, esto es, cuando la obediencia a una ley válida para todos entra en conflicto con la individualidad personal que sólo obedece a su propio sentido de la vida. El humano era para este sociólogo ante todo un ser diferenciador, escrutador.

Fue también Simmel quien planteó el estilo como un problema. De hecho uno de sus méritos consistió en religar de un modo teórico la cuestión del estilo como manifestación formal en las obras en la historia del arte con aquella otra más prosaica del modo de organizar la vida en los interiores domésticos, en el lifestyle, en la moda. Escribió: “Cuanto más profunda y única es la impresión que nos causa una obra de arte, menos suele ocuparnos la pregunta de la cuestión del estilo de la obra”. Es por esto que Simmel otorga a los grandes artistas, Miguel Ángel, Rembrandt, la facultad de facultad de volver absolutamente irrelevante la cuestión del estilo, pues estos y otros maestros “se han creado una forma de expresión propia, que tiene su origen en su genialidad enteramente individual y que nosotros percibimos como lo general de todas y cada una de sus obras individuales”.

El estilo se media entre lo general y lo individual, desde el instante en que ciertos artistas cogen características y rasgos específicos, dentro de los cuales se crean obras con esa tendencia y que después son adoptados por otros artistas. De esa manera, el estilo, que surge como manifestación de lo individual, al ser adoptado por otros, se convierte en la propiedad de muchas personalidades artísticas. El estilo es de ese modo un elemento que acompaña a la expresión de la personalidad.





1/19/2018

Villa Planchart. Gio Ponti (1953-1957)


Villa Planchart, del arquitecto italiano Gio Ponti, construida en Caracas, Venezuela, en un proceso que comenzó en 1953 y concluyó en 1957, es una casa-vivienda cuya historia ejemplariza la relación cliente-arquitecto. Una villa en la que la narración alcanza un punto determinante en su ser; una villa-relato que comienza en 1953 cuando el Armando y Anala Planchart visitan Milán y deciden encargar una vivienda a Gio Ponti. Como pareja amante del arte y la arquitectura, la pareja se había fijado en un proyecto del italiano en la revista Domus, que el arquitecto fundo en 1928 y dirigió hasta su muerte. El deseo era una vivienda bajo el principio constructivo de la modernidad. Tratándose de un acaudalado matrimonio con negocios en el sector de la automoción, Milán debía ser un destino tanto empresarial como cultural. Cuando Ponti recibió a la pareja les hizo allí mismo en la oficina un boceto un tanto disciplente que fue rechazado por Anala. Los Planchart quería algo muy concreto, una casa abierta con vistas a El Ávila. Surgió de ese modo una estrecha relación de trabajo primero, y de amistad después, que se fraguó en una conversación epistolar entre Milán y Caracas. 

De esta conversación salió esta obra de arte y una arquitectura que no solo refleja la personalidad del cliente hasta en los aspectos más íntimos y privados, sino que permite al arquitecto desarrollar todo su imaginario, desde la forma exterior de la villa, el mobiliario, la decoración interior y la cubertería. De esta alianza nace el logotipo invertido de las dos As (Armando y Anala) que forman un diamante. La forma del diamante, el rombo y otros signos astrológicos sirven para que Ponti ponga en marcha sus cinco sentidos y una imaginación desbordante en cada detalle. En esta obra Ponti emerge como un arquitecto-artesano-artista. La entrada a la villa incorpora esta simbología de proceso continuo de la naturaleza; techumbre que filtra el agua al estanque que desborda.


Los muros flotantes, como pieles, rebasan los límites perimetrales dando una sensación de ligereza y movilidad (una línea de luz durante la noche amplifica esta impresión). Uno de los aspectos más llamativos, no perceptibles en estas fotografías, es la composición del material de la fachada. Se trata de un teselado o mosaico de pequeñas piezas trabajadas irregularmente en la superficie de manera que genera un textura física y visual indescriptible. El mosaico o teselado es algo que forma parte de la estética de la modernidad caraqueña como se puede comprobar en la Universidad Central de Venezuela y en otros lugares de la ciudad. Hay una diferencia entre el funcionalismo de la Universidad, su pragmatismo típico del Movimiento Moderno, su fidelidad incluso, y la sensualidad de este trabajo que encaja mejor en una definición estética más propia del Modernismo tardío. Mientras que la Universidad, inaugurada en la misma década, es una elaboración moderna aplicada en todo su esplendor en una fecha tardía, la construcción de Ponti encaja de lleno en una necesidad de ir más allá de los preceptos de los maestros Mies y Corbu. Ambas construcciones, sin embargo, encuentran su razón de ser en el proceso de modernización capitalista del país en ese periodo. Una modernización que junto a autopistas y grandes infraestructuras permitió, al mismo tiempo y sin contradicción, obras de arte en forma de arquitectura que no excluye el elitismo: joyas como ésta. Es la función del arte de la época de Calder a Soto, la que de alguna manera sutura los límites entre lo público (de la Universidad) y lo privado (los Planchart). 






Como decía, resulta difícil capturar fotográficamente la villa. Para una observación del interior se puede recurrir a otros artículos y reportajes de la villa en Internet. Sin embargo conviene señalar la importancia de los muros interiores policromados y el color en su conjunto (por no hablar del patio interior que recoge el agua de la lluvia, mientras que por la noche, permite observar las estrellas con un recogimiento único. El arquitecto aquí realiza diferentes pinturas (formas geométricas sensuales sobre mesas, encimeras, azulejos, paños de color, etc.)


Otro elemento destacado es el gran trabajo de artesanía en el interior, por ejemplo los suelos de mármoles irregulares con juntas raseadas en un ejercicio de virtuosismo difícil de ver. El mármol fue enviado desde Italia y todo un equipo de artesanos establecidos en Caracas trabajaron en este y otros materiales de la casa. Hay que tener en cuenta que en la década de 1950 Venezuela recibía gente de todo el mundo (de Europa principalmente de Italia y España), y con ello, talentos artesanos especializados en tradiciones y culturas locales. Venezuela ha sido tradicionalmente una tierra de bienvenida e integración: los europeos, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, prosperaron al participar en la campaña de modernización del país. Al igual que los refugiados económicos de los países vecinos. Puede decirse sin rubor que esta obra únicamente pudo hacerse en este país, pues recoge una serie de singularidades que la hacen especial: una modernidad singular.

Esta sensualidad en los materiales y en su trabajado hace que venga a la mente otro italiano, Carlo Scarpa, quien no por casualidad diseño el Pabellón de Venezuela en Il Giardiani de Venecia en la misma época, 1956. Todo encaja. 

Otro elemento destacado es la importancia dado por Gio Ponti al display. Él, que había concebido la Paretta Organizzata como un módulo de diseño donde poder recombinar artefactos culturales de modo indefinido, piensa en la casa en los mismos términos. Hay detalles, en la cocina por ejemplo, que son verdaderas formas de display. El juego está presente por doquier. El placer también. Hasta los sistemas de iluminación pueden verse como marcos donde interactúan formas, colores y objetos (cristales y vidrios). 







Esta imagen (lamentablemente cortada por arriba, techumbre en voladizo) recuerda a la silueta de la capilla de Ronchamp de Le Corbusier. Hasta ahí el paralelismo: el parecido cutáneo. El resto es sensualidad. 


11/24/2017

Técnica e inteligencia. Anni Albers




Anni Albers, Red and Blue, 1954. Imagen cortesía Museo Guggnheim Bilbao



Los textiles de Anni Albers como claves interpretativas de la modernidad en las artes.

El textil y la tejeduría están cada vez más presentes en el arte contemporáneo. La combinación de arte aplicado y popular, artesanía y bella arte, hacer y pensar en telares y tapices ha puesto de relevancia los sentidos de la vista y el tacto. Una tela incorpora la memoria de su fabricación. También una emoción táctil en una materialidad principalmente migrante. El tejido, la textura, pueden verse como un microcosmo ampliado de lo social: a una línea vertical (la urdimbre) le atraviesa otra horizontal (la trama).

Un precedente fundamental, y moderno, a esta actualidad es Anni Albers, nacida Annelise Fleischmann (Berlín, 1899 – Orange, Connecticut, 1994). Su obra contribuye ahora a una reconstrucción moderna inacabable que recupera historias consideradas no-canónicas o al margen. Esta muestra corrobora la relevancia de Anni Albers en la comprensión de la forma como principio básico de la modernidad estética. Esta aventura que aúna vida y obra comienza cuando ella abandona en 1922 la comodidad de su pudiente entorno familiar. La respuesta la encontraría en la Bauhaus, donde la artista siente la atracción emocional por la nueva sencillez y sobriedad de la vida moderna. Annie entra en el departamento textil, uno de los talleres más exitosos. Es allí donde encuentra a la persona con la que compartirá su vida, el pintor Josef Albers. Sus años en la Bauhaus (entre 1922-1932) se caracterizan por el influjo de Walter Gropius y, especialmente, Paul Klee, quien mantuvo una estrecha relación con el taller textil. Su biografía señala que un día oyó decir a Klee que dibujar era sacar una línea a pasear y, entonces, pensó: “pues yo llevaré el hilo a donde pueda”.

La aventura de la línea sobre el plano auguraba una dialéctica que afortunadamente, y para goce del espectador, permanece irresuelta: esto es, el dualismo de la tejeduría entre arte aplicado y arte independiente, o autónomo. El término Gestaltung, que en su polisemia significa diseño, composición, delineación o figuración, compendia esta dialéctica. La lógica de Gropius era que la artesanía y el trabajo manual debían centrarse en el desarrollo de prototipos para la industria. Esto significaba que la tarea de la Bauhaus era la producción y distribución igualitaria de forma, no de objetos. Ello reunía al artista con el diseñador, el arte y el diseño como un solo campo enfangado en el juego de la forma. 

Continuar leyendo, Babelia, El País