Una inauguración ayer de Fabrice Hyber en
una pequeña galería en Arles (Cyryle Putman-Galerie Quatre). El L'Homme de Bessines reaparece una vez
más. Por lo que parece ya va por el nº 43 y tratándose de una serie ilimitada,
su reproductibilidad no erosiona su cualidad de indicador temporal e icónico. ¿Acaso
no fue Hyber uno de los artistas de los 90? Lo fue, posiblemente uno de los más
influyentes en este lado del Océano. La desmemoria, las modas, el mercado y lo
curatorial marcan nuestro sentido del presente. Su actividad frenética y la
condición especulativa y psudo-científica de su arte fue determinante para la
consolidación de aquello que llegó a denominarse “Estética Relacional” a partir
de la exposición Traffic en el CAPC
Bordeaux. Descentrado, esquizoide, escultórico-dibujístico, utilitario y
prototipal, Fabrice Hyber reintrodujo las obsesiones del cuerpo con un sentido
lúdico y utilitarista de los objetos. LosPOF, Prototype d’Objets en
Fonctionnement, son objetos bizarros, realizados gracias a un número de
instrucciones de uso y modos de empleo numerados, absurdos e irónicos.
Caminando por Arles hace unos días vi un
cartelito de una inminente exposición y ayer acudimos. Una pequeña galería en
un pueblo grande o ciudad pequeña. El alcalde comunista (del PCF de Melenchon)
de Arles que lleva ya tres investiduras, se pasó por allí a departir y, entre
vino y vino, allí estaba el artista igualmente departiendo con una audiencia
local, pequeña y cultivada. Lo que el arte nos ofrece es una resistencia
radical, de por vida.

