![]() |
| Un tapiz da entrada al título de la película de Powell y Pressburger |
The Life and Dead of Colonel Blimp (1943), de Michael Powell y Emeric
Pressburger, es una de esas cintas encantadas que a cada visionado cobran nueva
vida. La película narra la historia de amistad entre un oficial británico y
otro alemán a lo largo de 40 años y tres guerras (la de los Boeres en
Sudáfrica, la Primera Guerra Mundial y también la Segunda Guerra Mundial). Una
mujer atraviesa esta amistad, con Deborah Kerr interpretando tres papeles
distintos según se suceden las décadas. Siempre he pensado que el cine de
Powell y Pressburger, bajo una moral conservadora típicamente británico,
esconde una gran dosis de sátira y mensaje políticamente incorrecto. Hay algo
mágico en su cine y también una extrañeza en el tratamiento de la sexualidad
masculina y femenina. En Blimp, el acento se pone en el viejo orden de la guerra, con
sus códigos de honor y su respetabilidad marchita, y el nuevo orden de la
guerra total.
- “La guerra comienza a medianoche,
ordena el viejo. Atacaremos a las seis”.
El impacto de la película en el público británico en mitad
de la guerra no se hizo esperar. Churchill quiso prohibirla a toda costa.
Aunque el discurso es completamente propagandista, esta historia de amistad con
el enemigo podía reblandecer algunas conciencias. Fieles a sus principios,
Powell y Pressburguer construyeron decorados delirantes. Desde una derruida
vivienda londinense destruida por las bombas nazis a un paisaje de guerra en
Flandes a base de telas pintadas y barro impostado. Este pictoricismo fue
siempre marca de la casa.
Me interesa especialmente dos cosas en esta película (por
derecho propio una de las más realizaciones más ambiciosas del cine británico
del siglo pasado). La primera es un pasaje en el filme. Hay una escena que
trascurre en una taberna en Berlín, en 1902, que bien podría enmarcarse como
una descripción magnífica de la esfera pública burguesa alemana de finales del
XIX y principios del XX. No es solamente que una orquesta toque temas populares
y clásicos, refrescándose a base de cerveza; o que el ambiente de discusión y
algarabía alrededor de las mesas sea efervescente; o que un par de ingleses se
mezclen con los alemanes e intercambies sus lenguas; es también que la mayoría
de esa clase burguesa (comerciantes, periodistas y funcionarios del estado) forman
parte de distintos tipos de asociaciones y clubes salientes de la sociedad
civil. Esta escena ofrece una representación de una esfera pública (alemana,
pero por extensión también inglesa) que Jürgen Habermas se encargó de analizar
ampliamente en los años sesenta.
La segunda cosa que me fascina es el uso maestro del
tiempo y la elipsis, algo que la pareja de cineastas que formaban Ther
Archers (Powell
dirigiendo y Pressburger escribiendo pero mezclados) siempre supieron realizar
de una forma vanguardista y original. La estructura del filme es la de un
bucle, y el paso de esos cuarenta años está realizado como si fuera un flash
back; hay
imágenes y planos al comienzo y al final de la película que son los mismos.
Ver The Life and Dead of Colonel Blimp hoy en día es también pensar en
Europa. Su pasado, presente y también su futuro.

