1/12/2020

"Tomorrow calling", 1993, by Tim Leandro





Esta adaptación cinematográfica del cuento de William Gibson “El continuo de Gernsback”, un clásico de la ciencia ficción, nos introduce a Bill, un fotógrafo a quien se le asigna el trabajo de fotografiar la visión futurista del modernismo norteamericano de los años 30 y 40. Obsesionado por esta mirada pulp y retro del futuro en el Art Deco, comienzan a aparecérsele “fantasmas semióticos”, fragmentos de imaginaria popular y clichés sci-fi como gigantes zepelines aerodinámicos. El antídoto prescito para superar estas visiones pasa por horas de visionado de televisión, soap operas, porno y demás basura. Todo menos sci-fi.
Con este cuento, de arraigada influencia, Gibson introdujo como nadie antes una reflexión crítica e irónica sobre el modo de representación del futuro en la ciencia ficción de posguerra.

Se pueden encontrar otras referencias a este cuento en este mismo blog. Desconocía sin embargo esta realización cinematográfica, que ahora cuelgo.

12/16/2019

RESEÑA: Pintura y ciencia ficción en Rosalind Nashashibi. (CAAC, Sevilla)



Rosalind Nashashibi,  Part one: Where there is a joyous mood, there a comrade will appear to share a glass of wine (2018), 16 mm transferido a video

La obra de Rosalind Nashashibi (Croydon, Londres, 1973) se divide en dos partes que conforman una unidad: pintura y audiovisual. Ambas configuran un universo afectuoso y cálido donde cada medio completa al otro. Esta completitud hay que entenderla en tanto constitución de sujeto; como artista, mujer, enunciadora, fabuladora. La exposición en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, titulada Green Hearts, es una magnífica entrada a este mundo donde imagen fija y en movimiento entablan un fructífero diálogo. Esta voluntaria (y paralela) escisión entre medios da como resultado dos líneas separadas, o mejor, bifurcadas, en estilo y contenido. 


La pintura es aquí un género inmediato, una superficie material de proyección de lo insatisfecho, el deseo, los estados de ánimo. Desde una figuración evanescente y nada evidente, sin temor al bad painting, esta pintura es levemente narrativa desde la forma y el color; animales, plantas, frutas y siluetas abstractas. El sentimiento ha de expresarse, manifestarse, como dicta el corazón. Esta pintura es una forma de no trabajo, actividad a deshoras, en pequeños formatos, pintura de cocina, de sala de estar o por la noche. Impresiones en las que conviven artificio y naturaleza. Sorprende en Sevilla un conjunto de pinturas que Nashashibi ha realizado espontáneamente sobre papel de estraza: afectada por la visita a la Casa de Pilatos, y recordando su conexión con Andalucía a través de su abuela, judía sefardí cuya primera lengua era el castellano, la artista decidió acometer, primero en la habitación del hotel y después en las salas expositivas, un conjunto de pinturas donde impera el color áureo, dorado. Pilatos’ Bedsheets [Sábanas de Pilatos], o Pilatos’ Hand Towels [Toallas de mano de Pilatos] son los títulos de estas pinturas de una sencillez radical. 

Importa más la naturalidad con la que la artista decide realizarlos que el resultado final. O cuando el sentimiento genera una forma. Es difícil juzgar estos papeles colgados en términos de “calidad”, sin percatarnos de la espontaneidad del propio gesto de querer pintarlos; un encuentro súbito, una revelación, un impulso o deseo gozoso. Ahora que gran parte del arte contemporáneo participa de la “producción”, esto es, la planificación, usufructo de recursos y energías de colaboradores y proveedores, Nashashibi concibe su arte con muy poco. Le acompaña un sentido del disfrute, de la celebración de la vida. La alegría de la tarea no alienada y genuinamente subjetiva. 


12/04/2019

MAVO y la vanguardia japonesa en Yen Noh


 


La residencia en Bulegoa z/b de la artista coreana Yen Noh concluyó con una performance y una exposición que ha podido verse durante unas pocas semanas en el espacio de Solokoetxe. Bulegoa z/b es un espacio de eventos y encuentro, un lugar de producción de discurso a partir de conferencias y talleres, una iniciativa teórica, un colectivo interdisciplinar, y más cosas. Sin embargo, la realización de exposiciones no ha sido hasta la fecha una de sus actividades. Es por ello que esta presentación, condicionada por la singularidad del espacio y su ritmo de apertura al público, inaugura una línea expositiva de tipo específico o ad hoc .

La vanguardia im/posible: ¿Hablamos de MAVO? ha sido el proyecto de investigación de Yen Noh durante esta residencia de aproximadamente un mes. Noh viene indagando sobre el grupo vanguardista japonés MAVO, el cual funcionó en Tokio entre 1923-1926 para acto seguido difuminarse. Un hecho importante en la historia de MAVO fue el terremoto que destruyó Tokio y Yokohama en 1923, causando más 200.000 muertos. MAVO vio en el caos la oportunidad para un recomienzo, una nueva configuración del espacio urbano alumbrado por un espíritu constructivista. Así, MAVO experimentó con conferencias, teatro, conciertos de música, publicaciones de revistas, con pósteres, libros, escenografías, decoración e incluso con arquitectura concebida para los barracones donde se alojó a los cientos de miles de personas sin techo. Ferozmente constructivista, MAVO incorporaba elementos anti-arte y Dadá.

En perspectiva, puede atribuírsele a MAVO algunos de los rasgos típicos de la modernidad vanguardista como son; el internacionalismo, el deseo de trascender al individuo a través del grupo, el colectivo; las llamadas a la ruptura, lo nuevo y radical, la revolución; el activismo a través de la forma del manifiesto, consignas y soflamas “incendiarias”, etc. Como muestra de esto valgan algunos fragmentos: “Nadie puede detener la demanda de un nuevo arte; una nueva vida está comenzando a emerger. Esta nueva vida y este nuevo arte, ¿dónde podrán surgir, crecer, florecer? […] “¡Boom! Haz estallar una bomba. Grita: ‘¡Estúpidos!. MAVO es aquello que abofetea sin cesar la mejilla de lo que debemos vengarnos… MAVO llama a la revolución” […] “Con su ojo izquierdo, MAVO mira al XX; con su ojo derecho, carga contra los sempiternos XX y XX. Pero la mitad inferior de nuestro cuerpo es un vehículo de fuego, una locomotora que descarrila”. (1924)


La modernidad japonesa tal vez sea una de las grandes olvidadas en el canon occidental y “universal” de lo moderno. Sin embargo, el arte contemporáneo de la primera década de este nuestro nuevo siglo vivió toda una eclosión de revivalismo de lo moderno, como revisión crítica de ese mismo canon “universal” dominante. Como corolario de un posmodernismo que lanza una mirada crítica al pasado, el retromodernismo se abrió camino en el trabajo de no pocos artistas. El artista austriaco Florian Pumhösl hizo alusión en varias de sus obras a estas modernologías japonesas, vernáculas, “singulares”, locales, etc. Al mismo tiempo, esta tipología referencialista moderna estaba en sincronía con el trabajo teórico que mejor percutía sobre esta actualidad de lo moderno, me refiero al muscular A Singular Modernity: Essay on the Ontology of the Present (Verso, 2002) de Fredric Jameson. Noh estudió con Pumhösl en Viena, aunque este hecho no justifica su línea de investigación. Podría tal vez pensarse en la compleja relación entre Corea y Japón, pues además, durante los años de reconstrucción del Japón que siguieron al terremoto, los coreanos fueron perseguidos y reprimidos, acusados de aprovecharse de la catástrofe. 

En cualquier caso, este interés de Yen Noh por MAVO se traduce en una exposición con forma de paseo-lectura. En la inauguración, Noh ejecutó una charla o lectura a partir de fragmentos de MAVO, moviéndose por el espacio de Bulegoa donde unas formas-collage simples fueron diseminadas. Este archipiélago de “islas flotantes” representa de alguna manera el anarquismo de MAVO y su incidencia en la ciudad de Tokio, antes y después del terremoto. Entre el constructivismo (rojo y negro) y la estética cartográfica de la Internacional Situacionista, estos collages caseros hechos de fotocopias, plantilla, pegamento, regla y rotulador, son mapas mentales con los que movernos a través del espacio urbano y también de la historia. Topografías, psicografías por donde pasear y deambular. Suponen, de alguna manera, una actualización de aquel otro “mapa cognitivo” (cognitive mapping) jamesoniano, esto es, aquellos mapas mentales necesarios fabricados de manera artística, manufacturados artesanalmente, que usamos como referencia para movernos a través del caos en el espacio urbano posmoderno. Colocados sobre el suelo sin ser escultura, creando una constelación de formas, líneas, textos recortados y mapas, estos collages reconcilian la tradición gráfica radical con las formas fragmentarias de una modernidad urbana. No por casualidad viene a la cabeza la primera portada de Dirección única de Walter Benjamin (Eibanhstrasse, 1928), con los carteles de dirección en rojo sobre la imagen de la ciudad en blanco y negro “indicando” la idea misma de deriva, flaneurismo y fragmentariedad de la vida moderna en la metrópolis. Suponen, además, un ejercicio de dar una forma plástica a la siempre inasible “investigación artística” (artistic research). A su vez, son formas fragmentarias sobre un suelo-collage de otro artista, Xabier Salaberria. “Poetry is a Bomb”, “Scream ‘you jerk’”, “PrOtestO” puede leerse en estos collages entre recortes de imágenes de archivo de MAVO, el mapa de la ciudad y las líneas rojas que señalan un recorrido poético y formal a la vez.

Pero además, Yen Noh interrogó e indagó durante su residencia en Bilbao sobre la vanguardia vasca de los años treinta, antes de la Guerra Civil, buscando similitudes o datos que pudieran servirle para su presentación en una comparativa con MAVO. Las diferencias entre, por ejemplo, lo que fue la Sociedad de Artistas GU entre 1934 y 1936 en San Sebastián con lo que representó MAVO una década antes son tan grandes que tal vez disuadieron a Noh de cualquier intento de paralelismo. Mejor, cada situación local vivió el universalismo de lo moderno a su manera.

Esta exposición de Yen Noh, hecha con material básico de papelería señala el camino de lo que la investigación artística debería ser, dentro y fuera de la academia, a la vez que señala la dirección de el modo de exponer en Bulegoa z/b, en Solokoetxe, Bilbao.






11/03/2019

Sobre "Labo" (2019) de Jesús Mª Palacios




“La memoria es una imagen del futuro” aparece sobrescrito al comienzo de Labo (2019), un documental de Jesús Mª Palacios. En apenas catorce minutos este filme irradiante describe el estado actual de la Universidad Laboral de Tarragona, inaugurada en 1956 con el nombre de Francisco Franco y por la que han pasado distintas generaciones de estudiantes. Se trata de una pieza sobre la historia, que ésta ahí, al alcance de una mirada dialéctica. Documental y cortometraje, Labo es también un filme de archivo que rescata metraje y documentos, los cuales se revelan en toda su actualidad punzante. Rastros en el paisaje y la arquitectura al lado de PortaAventura.
                 
Con un ritmo y un diseño de sonido tensionado, Palacios crea una angustia in crescendo mientras descubrimos las estancias, los parterres, las instalaciones, aulas y comedores que una vez acogieron a chavales llamados a ser clase dirigente o proletariado al servicio de la patria. El uso (justificado) del blanco y negro nos sitúa en un presente que es pasado; como espectadores debemos interpretar si se trata de fotos fijas o grabadas en vídeo, imágenes de archivo o del presente. La voz del actor Josep Maria Pou, ex alumno de la Universidad, leyendo el discurso de bienvenida del Ministro de Trabajo, Girón de Velasco, a los estudiantes admitidos resulta espeluznante. Labo retrata una de las muchas Universidades Laborales que el Régimen erigió por toda España como institución garante de la ideología, nacional y católica, del Estado. La diferencia de esta Universidad del resto estaba en la modernidad empleada, tanto en la arquitectura como en el arte. Éste es uno de los principales temas en el documental, a saber, las relaciones entre arquitectura e ideología.  

A comienzos de los años cincuenta el Régimen franquista hace un giro en su política internacional, tratando de mostrar el mundo el punto en el que al desarrollismo económico le sigue una imagen de renovación y modernidad. La arquitectura moderna sirve a esta nueva imagen. Concebida en 1953 y concluida a la carrera sólo tres años después, la Laboral de Tarragona clausura la tendencia del Régimen de asociar su ideario con el clasicismo renacentista de la que El Escorial era el modelo. A diferencia de la Universidad Laboral de Gijón del arquitecto Luis Moya, en Tarragona se aplicaron los ideales del Movimiento Moderno recogidos en la “Carta de Atenas” (1931). Esto es, un modelo funcionalista que recogía la teoría de las ciudades jardín y la disposición de los edificios aislados y rodeados de zonas verdes. En un entorno arquitectónico ideal, el alumnado se encontraba en una ciudad con total autonomía. La arquitectura se cumplía en tanto “programa”, un espacio donde nada le falta al usuario: ropa deportiva, higiene, libros, ocio y demás. Este “programa”, que podría asociarse al del socialismo en origen, lo es también del fascismo, y especialmente fue así durante el llamado periodo de Entreguerras, especialmente en Italia y España. Uno de los rasgos del fascismo español se caracterizó por esta racionalización, o presencia del Estado sobre todas las cosas y todos los órdenes de la vida. El lema “una grande y libre”. Sin duda, lo que sesenta años después más llama la atención en la locución fascista que aparece en Labo son las palabras “proletariado” y “clase obrera”.

Junto con la arquitectura, el arte. Uno de los arquitectos del complejo, Manuel Sierra, convocó a los ganadores del concurso para el ábside, la cripta y la estatuaria de la basílica de Aránzazu, esto es, Carlos Pascual de Lara, Basterretxea y Oteiza, cuyas obras estaban entonces paralizadas por el recurso del Vaticano, para integrar y decorar con su arte los amplios espacios de la Universidad. Otros artistas vinculados a la abstracción también fueron llamados y en mayo de 1956 se expusieron en la Sala Recoletos de Madrid los proyectos, algunos finalmente realizados y otros no, de un nutrido número de la vanguardia española. De nuevo las relaciones entre arte e ideología se complejizan: la posibilidad de aportar artísticamente en un contexto y entorno modernizado, ideal a los ojos de la vanguardia, aunque social y políticamente reaccionario.

Toda esta intrahistoria, y mucho más, aparece condensado en apenas catorce minutos. Sería hacía 2012 cuando recibí en mi celular una serie de SMS de alguien no registrado en mi lista de contactos. Era Jesús Mª Palacios, quien me enviaba unas fotos de pinturas de murales preguntando si podían ser de Néstor Basterretxea. Confirmé una de ellas. Siete años, como poco, ha tardado Jesús Mª en dar con la forma apropiada para Labo, todo un ejemplo de la conjunción entre forma y contenido. Él mismo es autor de otro cortometraje, La casa vacía (2013), sobre la vivienda y estudio que Basterretxea y Oteiza, junto a Luis Vallet, construyeron en la Avenida de Francia en Irún a finales de los años cincuenta.

La parte final de Labo es de una gran belleza, pues pasa del pasado (de la historia) al presente, en donde la transformación industrial no ha hecho sino alterar el paisaje y su equilibrio natural. Jesús Mª Palacios permite lo que se les debe de exigir a las obras de arte: que cada espectador saque sus propias conclusiones, que cada cual piense por sí mismo.

Las palabras del arquitecto Emilio Varela cierran la película:

Y ha quedado la piedra
silenciosa e inmóvil
Sin nombre ni signos
sin voz alguna ni significados
Testigo mudo de otro tiempo
lento y largo latido del espacio
Ahora señal de nada y nadie

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como al principio


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