Un retrato de N.B.
¿Cómo surge este proyecto?
La intuición, más que la idea, de realizar un documental audiovisual o cortometraje
sobre Néstor Basterretxea me vino en la fase final del proceso que desembocó en la
exposición retrospectiva Forma y universo, que tuvo lugar entre febrero y mayo del
2013 en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Aquella intuición me pareció, en su día,
como una carta que alguien escribe a un amigo. De inmediato imaginé que la forma
más adecuada de hacerlo era partiendo de fotografías fijas o fotogramas, como
Chris Marker en el clásico La Jetée (1962). Néstor murió el 13 de julio del año
siguiente y aquello hubiera quedado en nada —dada mi inexperiencia para realizar
ninguna clase de film—, si no hubiera tenido la oportunidad de comisariar esta
exposición en Kutxa Kultur Artegunea. Se abría entonces la puerta a seguir con esa
intuición, regresando a Idurmendieta (Hondarribia), donde podría analizar de nuevo,
con detenimiento, todo aquel vasto material que entre 2008 y 2013 pude contemplar
y estudiar. Con la debida prudencia, planteé la posibilidad de hacer una exposición
que mostrara la mirada fotográfica de Néstor y, como parte fundamental, este
audiovisual o film.
¿Es un retrato o una biografía? ¿Documental o ensayo?
Ambas cosas. Se trata de un retrato realizado a partir de sus propias fotografías.
Imágenes en cajas, clasificadores y táperes, dispersas en rincones de la casa.
Es un retrato, sí, «manufacturado» a partir de retazos, recuerdos, documentos y obras;
como esas pinturas que vistas de lejos parecen realistas pero que al acercamos descubrimos
fabricadas a partir de imágenes más pequeñas, ensambladas como en un collage.
Cualquier retrato es siempre una visión parcial, una representación entre muchas,
subjetiva y más o menos nítida. Así como la biografía recorre el ciclo vital de una
persona, el retrato puede esbozar o idealizar sin necesidad de abarcarlo todo.
Cualquier retrato es una representación que busca hablar del otro y termina diciendo
algo de aquel que lo realiza; de la misma manera que el ensayo es esa forma que
parece querer decir algo sobre algún asunto preformado o exterior —contenido de
carácter cultural, un libro, película o autor—, para en última instancia convertirse en
una libre operación reflexiva. El ensayo audiovisual es una forma de escritura. Pero,
a su vez, Un retrato de N.B. participa del documental porque está hecho de
fragmentos de experiencia, de vida y, sobre todo, de imágenes-documento.
¿Cómo está realizado?
Principalmente a partir de conexiones y empalmes, hilvanando y montando.
Partiendo de visitas regulares a la casa de la familia Basterretxea, fui preseleccionando por remesas, agudizando el criterio. Una vez seleccionado un número de imágenes (o remesa), iba escudriñando, barajando su interés, mirándolas de cerca, escaneándolas en el estudio.
Miraba las imágenes y ellas me devolvían la mirada. Y así de nuevo otra visita hasta «peinar» todas y cada una de las fotografías. Se daba entonces una relación directa, física, con el material, a la vez que íntima. En su inmanencia, las imágenes hablaban, decían algo. Como regla, me autoimpuse desde el comienzo realizar el «docuensayo» partiendo exclusivamente del fondo fotográfico de Néstor. Sólo al final unas pocas imágenes han sido incorporadas por cohesión narrativa o simple encuentro: algunas fotos en las que aparece él, del archivo de la Fundación Oteiza en Alzuza; también fotos que, estando en el caserío, por motivos de calidad, han sido cedidas por el Archivo Municipal de Irún. Entre miles de fotografías —difíciles de cuantificar— alrededor de doscientas se han ido decantando a la mirada y a la interpretación. Estas imágenes reivindican cada una su particular punctum, su studium barthesiano.
Lejos de cualquier guión premeditado que relacionara las imágenes, éstas han tomado su
posición como tales, pero sobre todo a través de un montaje que les confiere una
eficacia, una narración. Pienso en aquella apreciación de Alexander Kluge de que
«las imágenes en movimiento y el arte del montaje existen en la cabeza de los seres
humanos, lo mismo si están despiertos o sueñan. […] El lenguaje de las imágenes
en movimiento posee una autonomía que no obedece ciegamente a las palabras ni
a las notas musicales».(1) La relación entre la imagen y el lenguaje no es la de la
ilustración, sino un acto de lectura e interpretación. El texto afecta a las imágenes, y
estas al texto que leemos o escuchamos. Se va componiendo así una narración, un
relato.
¿Qué clase de film o cortometraje es?
Un tipo de cine sin apenas cámara. Prescinde de convenciones como la dirección,
y lo fía todo a la escritura y al que es uno de los principios básicos del lenguaje cinematográfico: el montaje. Es también una colección de imágenes, buscadas más que de metraje encontrado (found footage). Puede tal vez adscribirse a alguna categoría de film de archivo en la
medida que rebusca e indaga en documentos. Entiendo un archivo, sin embargo,
como una documentación que ha sido sometida a un proceso de ordenación,
conservación, estudio y demás. En Idurmendieta la situación es más bien la de un
no-archivo: cuando la vida y el transcurso del tiempo desbordan cualquier
clasificación. Me gustaría ver este «docuensayo» como un intento de hacer archivo,
no tanto hacer orden del desorden, sino extraer e incorporar un impulso narrativo
desde ese mismo desorden. Hay igualmente un cuestionamiento del aspecto del
autor: film hecho a partir de un autor por otro autor, en cooperación con otros
autores y colaboradores. El cine es una labor colectiva. Eso lo sabía Néstor.
¿De qué otras cosas nos habla?
Del pasado, del tiempo que inventó eso que todavía seguimos llamamos «modernidad».
El retrato de un artista que vivió y trabajó, principalmente, en el siglo XX, del que fue testigo y heredero. Mark Fisher se refirió una vez al archivo como prótesis de la memoria, una especie de implante en una época —nuestra era digital— en la que para qué ejercitar la memoria si
disponemos del archivo ahí mismo, a nuestro alcance más inmediato. Pero ¿y si
hiciéramos memoria a partir del archivo? Cualquier fotografía es un rastro de un tiempo pasado, fugaz e inalcanzable. Somos arqueólogos del futuro escarbando en el pasado, a la búsqueda de instantes, centelleos, con los cuales perseverar en el presente.
San Sebastián, 12 de noviembre de 2019
(1) Alexander Kluge, El contexto de un jardín. Discursos sobre las artes, la esfera pública y la tarea de autor. Buenos Aires: Caja Negra Editora, 2014, p. 93.
* Texto publicado en el catálogo Néstor Basterretxea, A través de la fotografía, Kutxa Artegunea, San Sebastián, 2020.











