La moda
es uno de los espacios más propicios para el estilo. Las envolturas del tejido
de la ropa fácilmente corresponden con el efecto de superficie y revestimiento;
en ello coincide con la originaria definición del estilo (Der Stil) de Gottfried Semper en donde las técnicas textiles de
trenzado y tejido mantienen una relación con la arquitectura a partir de
estructuras de capas y envolturas. La correlación y, al mismo tiempo, la
diferencia entre moda y estilo es aquí fundamental: mientras que la primera puede
verse como una de las contribuciones principales de una fase del capitalismo
que dio origen a la modernidad –a partir de la industrialización progresiva
desde mediados del siglo xix y la
expansión colonial–, el estilo es el equivalente más inmediato en las
sociedades posindustriales de la actual fase del capitalismo (tardío, posmoderno
o neoliberal). Éste es uno de los principios: el estilo es el rasgo definitorio
de una época posmoderna o posmodernista, y cuyo comienzo empieza a vislumbrarse
en las formas culturales de los años sesenta proyectando su influencia hasta
nuestro presente. Es posible afirmar que el origen de la moda tal y como la
conocemos no solo se debió a un cambio en la forma y los usos del vestido, sino
que es un fenómeno descendiente del capitalismo europeo a partir de, digamos
1850, y que supuso un cambio particular indisociable vinculado a la modernidad
y a la búsqueda de lo nuevo. (1) Por su parte, el estilo sería su contrapartida contemporánea aplicada a todos
los ámbitos del consumo y la estetización general de la vida (desde el vestir
al diseño doméstico, la música, la arquitectura o cualesquiera sean los
dispositivos culturales afectivos de los que nos servimos). El estilo es el
fenómeno (icónico, semiótico y cuasi-antropológico) que sigue a una cultura
visual de masas; su producto inmaterial más elaborado, dirigido al aparato
óptico y de decodificación de la imagen.
La equivalencia
entre moda y el estilo, el uso indistinto que se hace de una y la otra, se
explica en parte en la enorme influencia que la moda sartorial tuvo en la
configuración de un imaginario (visual y mnemónico) durante la modernidad. Podría
incluso argumentarse, que la moda no solo fue el resultado de una industria
textil que artificialmente creó un mercado para explotar su capacidad de
producción sino que, además, dialécticamente, puede comprenderse que el
crecimiento industrial en el periodo moderno fue la respuesta a la demanda
generada por la valorización de lo nuevo que la modernidad incorporó como su seña
principal. De esta manera, la moda no debería de verse únicamente como una
consecuencia del capitalismo sino como uno de los factores que contribuyeron a
su ascenso y establecimiento. La moda pasa de ser una artesanía a convertirse
en una industria en el periodo que comprende la segunda mitad del siglo xix y el primer cuarto del siguiente. En
ese periodo incipiente de la cultura y el consumo de masas, prepara el camino
para la posterior ascenso de una cultura visual donde el fetichismo del objeto
y la imagen devienen una.
El
estilo comparte con la moda que ambas aparentan una presunta falta de sustancia
o elevación artística o metafísica. Sin embargo, es a través de las veladuras y
capas superpuestas que la insustancialidad, superficialidad fingida de la moda
puede revelar las ansiedades culturales y sociales de toda una época. La moda
es un paradigma de la modernidad, aquella que equipara la mode con la modernité
y que, en la posmodernidad, ha sido reemplazada por el estilo. Éste incorpora
la moda en su interior pero ya desprendido del componente sartorial, textil,
imbuida en una cultura visual acelerada. Las características de la moda han
servido para dotarnos de un sentido historicista (que no histórico) del pasado
amalgamando a su paso referencias culturales de otros ámbitos (cine,
arquitectura y diseño). Así, la percepción que tenemos de la moda de los años cuarenta,
cincuenta y sesenta se han incorporado al imaginario popular de una manera más
genérica, a partir de la imagen del estilo de esas décadas que nos hemos
fabricado.
Roland Barthes
también indagó en esta cuestión de la temporalidad:
(…) el hoy de la Moda es
puro, destruye todo a su alrededor, desmiente el pasado con violencia, censura
el advenir, desde el momento en que este advenir excede la estación; y por otra
parte cada uno de estos hoy es una
estructura triunfante, cuyo orden es extensivo (o extraño) al tiempo, de suerte
que la Moda proporciona lo nuevo incluso antes de producirlo y realiza esa
paradoja de un nuevo, imprevisible y sin embargo regulado; (…) cada Moda es a
la vez inexplicable y regular. Así, abolida la memoria lejana, reducido el
tiempo al dualismo de lo que es demolido y de lo que es inaugurado, la Moda
pura, la Moda lógica no es jamás otra cosa que una sustitución amnésica del
presente al pasado. (2)
(1) Ésta es la tesis de Radu Stern en Against Fashion. Clothing as Art, 1850-1930,
The MIT Press, Cambridge, Massachusetts, 2004.
(2) Roland Barthes, El sistema de la moda, Paidós, 2005.





