1/04/2019

Causas y efectos de la arquitectura en la era digital





La apertura en 1997 del Museo Guggenheim Bilbao de Frank Gehry supuso toda una convulsión en el debate sobre la arquitectura como forma de “hacer ciudad”. Después de dos décadas, aquel “efecto Bilbao” es hoy en día el modelo de su propio éxito antes que un ejemplo a seguir por urbanistas, planificadores y políticos. Esta exposición trata ahora de actualizar la siempre espinosa relación entre arte y arquitectura partiendo de la fecha inaugural de tan singular construcción. Veinte años después del hito, las imágenes de la inauguración del museo, rescatadas en un archivo en una zona de acceso, parecen viejas, con políticos ya fuera de juego y vestuario pasado de moda. El edificio sin embargo no ha perdido ni un ápice de su originalidad; su incólume apariencia reflectante del entorno circundante contrasta con las imágenes del solar y los aledaños tomadas por el artista y fotógrafo Mikel Eskauriaza entre 1995 y 1997.

En este lapso de tiempo, las relaciones entre arte y arquitectura se han multiplicado y diversificado, aunque el objeto común de su nexo e interacción ha girado por completo. A aquella época experimental y neovanguardista del propio Gehry, Peter Eisenman, Zaha Hadid y Greg Lynn, que subrayaba los pliegues, torsiones, rotaciones deconstructivas y semánticas, y en la que el dibujo por ordenador marcaba la pauta, le ha seguido una coyuntura en la que la arquitectura funciona como un crisol donde se refunden los más variopintos discursos: diseño y domótica, la teoría crítica, la sociología, el feminismo y también el arte contemporáneo y su “giro performativo”. Esta exposición funciona como una muestra, una cata o prueba, en la que los arquitectos ya no necesitan exhibir “arquitectura” porque ésta se ha disuelto en una miríada de indisciplinas orgullosas de serlo. Cuando las causas trascienden el orden disciplinar y las necesidades cambian, también lo hacen sus efectos.

Seguir leyendo, Babelia, El País



12/23/2018

Robert Morris, Amsterdam Project

Robert Morris (1931-2018) es uno de los artistas más importantes del siglo XX. Escultor, fundador del Minimalismo, el arte de Morris estableció relaciones con la performance, la danza, la filosofía y otras disciplinas artísticas. Reivindicó siempre el "trabajo del arte", esto es, las condiciones materiales que rodean la práctica del arte, acercando la posición del artista a la del trabajador.

El pasado mes de octubre, visitando el Stedelijk Museum en Amsterdam me encontré con esta pieza de 1969 que llamó mi atención y decidí fotografiarla. Lo que conocemos como arte site-specific puede resumirse en esta obra de concepción y ejecución conceptual. 

La pieza demuestra que la desmaterialización de la obra de arte llevadas a cabo por el Arte Conceptual, el Minimalismo y el Land Art no condujo a la inmaterialidad sino que, al contrario, contribuyó a una re-evaluación del mundo material y los materiales que lo componen. Robert Morris es un artista del que aún queda mucho por aprender. En esa tarea me encuentro. 





12/07/2018

Nota sobre Nicolas Roeg



























El pasado mes de noviembre moría Nicolas Roeg (1924-2018), cineasta tardío y de culto cuya luz brilló especialmente en los años setenta y ochenta. Su cine ocupa un lugar destacado en el archivo sentimental de quien esto escribe. Performance, Walkabout, Dont’ Look Now, The Man Who Fell To Earth, Bad Timing y Eureka son las películas que he podido ver, a lo que sumar el recuerdo juvenil de The Witches. Cuando digo “ver” quiero decir disfrutar y repetir, una y otra vez, pues las películas de Roeg no están hechas para un único visionado, sino que en cada nueva mirada ganan en amplitud y profundidad. Nic Roeg fue un representante británico de aquella “teoría de autor” cinematográfico promulgada en el cine europeo de la época, en la que el cineasta es la primera y última fuerza rectora en la producción de la película.

Sus inicios en el cine fueron modestos, y él siempre dijo que entró en el cine porque en frente donde vivía en Marylebone había un estudio cinematográfico. De chico del té pasó a implicarse en otros aspectos de la producción, para más tarde convertirse en director de fotografía al servicio de cineastas tan renombrados como David Lean (Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago), Roger Corman (La máscara de la muerte roja) y François Tuffaut (Fahrenheit 451). Para estos realizó una fotografía en la que resaltaba una cualidad estética inherente y un uso del color personal y subjetivo. El uso icónico del color rojo une las películas de Corman y Truffaut, estableciendo una identidad visual donde se destacaba el rol creativo del director de fotografía.

Cuando tenía planificado el rodaje para su primera película como director en Australia, Walkabout, le ofrecieron poner imágenes al guión de Donald Cammell que daría como resultado Performance (1968-1970), una película epocal inclasificable realizada por artistas, sobre artistas en la que es una de las grandes obras del cine británico. Performance ejemplifica lo mejor de Roeg como alquimista y montador, recurriendo a rápidos cortes en la imagen para generar un efecto de shock en la memoria del espectador. Un agujero similar al que atraviesa el techo de la casa de Powis Square en la que Chas (James Fox) se fusiona con su doble y antagonista Turner (Mick Jagger). Junto al montaje como la quintaesencia del arte cinematográfico, el deleite en una fotografía barroca llena de sensualidad, primeros planos y efectos artesanales que ensalzan el componente contracultural de una película de culto. Performance era, no obstante, una producción en la que Donald Cammell era el alma mater, la biografía que daba cuerpo al retrato del London Swinging, y Mick Jagger el “vehículo”, la estrella (en crisis) que habría las puertas a los grandes productores y al gran público. El resultado habla por sí solo.

De Walkabout (1971) destacaría los primeros diez minutos, que parecen sacados de una novela de J.G. Ballard, en la que el contraste entre la vida alienada en la gran ciudad y el desierto australiano se engarza de manera elegante sin recurrir a los diálogos. Una innovación importante en Walkabout es el uso de la moviola o mecanismo por el cual un mismo plano acontece dos veces a distintas velocidades, uno para el ojo-mente del espectador, y otro donde se recrea esa misma imagen en el ojo y en la mente del protagonista. Este uso del montaje tal permanece como uno de los sellos distintivos al desafiar la lógica lineal del cine narrativo convencional. La escena en Don’t Look Now (otra obra maestra) en la Donald Sutherland y Julie Christie mantienen sexo mientras al mismo tiempo se preparan y visten para salir a cenar en Venecia es otro ejemplo virtuoso de lenguaje cinematográfico como sintaxis, el cual genera pensamiento y subjetividad a partir del corte y empalme. The Man Who Fell to Earth es otra joya que rehace los géneros cinematográficos refundiéndolos en una realización que a cada visionado añade una nueva capa de significado. Una película de ciencia ficción sin apenas “aparato” sci-fi que hace efectivo aquel apelativo dado a la ciencia ficción como el género del extrañamiento cognitivo. Una muestra del talento de David Bowie como un ser camaleónico, único en su especie utópica. 

Resulta difícil resumir el impacto de cualquier filme de Roeg en la memoria y la retina, en la mente y el ojo al mismo tiempo y en un solo golpe. Su cualidad principal residía en la propia química del medio cinematográfico, de la cual él era un alquimista. Un mago que nos entregó poderosas imágenes de terror, psicosis, subjetividad, extrañamiento, ternura y también imaginación desbordante.


Escena del merging entre Chas (James Fox) y Pherber (Anita Pallemberg) en Performance (1968-1970) dirigida por Nic Roeg y Donald Cammell

Dos libros imprescindibles sobre Nicolas Roeg. The World is Ever Changing (2013, Faber and Faber), David Bowie in The Man Who Fell to Earth (Taschen)

11/24/2018

Nicolas Roeg (1928-2018)

11/20/2018

"Satin Island" de Tom McCarthy






Satin Island de Tom McCarthy (Pálido Fuego, 2016) es una novela sobre “lo contemporáneo”. ¿Qué significa esto? ¿Cuáles son sus insondables misterios? “Lo contemporáneo” es el Zeitgeist, el espíritu de la época de una era que ha dejado de pensarse en términos históricos; un tiempo donde la frecuencia tabuladora y de sondeo de los motores de búsqueda online delinean un mundo de identidad y diferencia, todo ello junto y a la vez. “Lo contemporáneo” es un mundo (nuestro presente) donde se otorga una importancia desmedida a la narrativa y al “relato” (en cualquier ámbito de la cultura, pero sobre todo en el consumo). Insuflar narrativa sobre productos que aún no existen, tanteos de marketing viral, tendencias predictivas; nuevas ramas de la antropología social aplicadas al credo de la empresa creativa, neoliberal.

En este libro de ficción y antropología sobre el mundo invisible y corporativo que nos rodea, U., el narrador y protagonista, es un antropólogo admirador de Lévi-Strauss trabajando para una compañía consultora; una Compañía cuyo servicio es dar significado a las cosas, significado al mundo. U. pone en práctica el método etnográfico contemporáneo, actual. De estudiar “la noche” y sus hábitos, de analizar la relación histórica entre Lévi-Strauss y los vaqueros Levis Strauss, pasa a obsesionarse con el Gran Informe, un gran encargo para una compañía llamada Koob-Sassen consistente en escribir el texto definitivo de nuestra era. “A un antropólogo no le interesa lo singular, sino lo genérico” dice U., mientras por otra parte trata diariamente con agentes, clientes, empresas, gobiernos, cuyo único objetivo en la vida es resingularizarse, una y otra vez.

Mientras delinea los contornos de este Proyecto, el Gran Informe, U. pasa su tiempo obsesionado con vertidos de crudo y una trama detectivesca de paracaidistas suicidas mientras recuerda una noche atrapado en el aeropuerto de Torino-Caselle. El trabajo de U. en la Compañía consiste en lo siguiente: “Significa que desbaratamos la fibra de una cultura (la nuestra), su trama y urdimbre –las situaciones que genera, las creencias que la apuntalan y nutren–, y hacemos partícipe al cliente de cómo puede conseguir una mejor adherencia sobre esa fibra para así poder introducir él su propio y fino hilo de seda en dicho género, bordarlo estratégicamente o adornarlo con una mini-narrativa (una manera enrevesada de decir: vender su producto)”. (…) “Se trata de identificar y sondear comportamientos granulados, mecánicos, extrapolando de una porción de muestra un conjunto de esquemas, a la medida de cada informe, esquemas que, tomados como un todo y contrastados con los hallazgos de estudios más ‘objetivos’ o empíricos (análisis cuantitativos, modelos econométricos y similares), ponen al descubierto algún tipo de lógica social interna susceptible de ser empleada, puesta en uso.” (p. 30)

Estamos ante un ensayo novelado, y la cantidad de ideas (sugerentes y excitantes) que aquí acontecen son dignas de mención. Tom McCarthy se presenta como un escritor virtuoso cuya concentración en los detalles hace vibrar al texto de manera sobria y elegante a la vez. La “trama” que relata es un tanto frustrante, pero en el camino deja pepitas que brillan con fuerza. Esta ficción-ensayo puede contextualizarse en el propio bagaje de McCarthy, él mismo un artista o cercano a los discursos teóricos que lo acompañan. De hecho su primer libro, Remainder, se publicó por primera vez en Metronome Press, una editorial puesta en marcha por Clémentine Deliss con la finalidad de publicar novelas escritas por artistas. Como cuando U. se refiere al filósofo francés Badiou de quien “reciclé su noción de desgarro, una súbita ruptura temporal, aplicándola, naturalmente, a las roturas de los pantalones vaqueros, que presenté como cicatrices de nacimiento de la singularidad de su portador, testamentos a la desavenencia del individuo con la historia general, a la exitosa institución de un tiempo personal.” (p. 41)

La novela es en parte tautológica, pues ese Gran Informe que se está tratando de elaborar no es sino el propio libro que el lector tiene entre sus manos. Descrito como un “Kafka de la era Google”, el calificativo se ajusta bastante a un escritor que parece partir no de la fluidez del lenguaje de un DeLillo, sino del cut and paste paciente y retrabajado de un collage gigantesco. Satin Island es un libro que luce como una crítica a la ahora tan cuestionada cultura creativa empresarial. Una novela para nuestros “tiempos interesantes”.



11/18/2018

El arte del videoclip. Laurie Anderson / Peter Gabriel





Laurie Anderson ha estado en Madrid estos días. Pionera del videoarte, performance y artes escénicas multimedia, ahora también cineasta, Laurie fue de las primeras artistas en utilizar los videoclips como un media para la cultura visual. "This is the picture (Excellent Birds)" es el vídeo que acompaña la canción de Peter Gabriel, cuando éste sacó su álbum So, en 1986.

Todo un ejemplo de posmodernismo y multimedia en las artes. 

Desconfiar de las imágenes. Sobre Erlea Maneros Zabala

Erlea Maneros Zabala, Exercises on Abstraction series VI (2018)


Cuando el Arte Conceptual cuestionaba los parámetros formales de la pintura no derogaba su práctica sino la situaba en un nuevo plano autorreferencial o analítico. Desde entonces, la pintura es un género conceptual. Erlea Maneros Zabala (Bilbao, 1977) ha ofrecido a lo largo de estos años nuevas configuraciones de un conceptualismo pictórico fuertemente marcado por el contexto artístico de California, donde reside. Una influencia que puede resumirse en un acotamiento de los límites (formales, discursivos y hasta institucionales) de los marcos y el canon. En ésta su cuarta exposición en la galería, su conceptualismo distancia de nuevo la pintura de la gestualidad poniéndola a conversar con el aparato técnico de reproducción de los mass media. El estado convulso del mundo tiene un hueco aquí. Las imágenes de guerra y violencia que le servían antes para cuestionar el modo acrítico y masivo de su recepción, son ahora gestos de un expresionismo sobre una retícula que encuadra, delimita y separa. Un neoconceptualismo que recuerda a la apropiación irónica del dripping de Jackson Pollock por Art & Language para sus retratos de Lenin.

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11/06/2018

Un manual para el estilo del siglo XX

Bryan Ferry, "Another Time, Another Place", 1974

Neil Tennant sobre Bryan Ferry

"Esta imagen indica claramente un cambio cultural", explica Tennant, "1974 marcó el final del glam rock; todo el mundo estaba avanzando".

1974 fue también el año en que el Reino Unido entró en la Unión Europea, se publicó el docudrama de Jack Hazan sobre David Hockney A Bigger Splash, y la versión cinematográfica de The Great Gatsby, protagonizada por Robert Redford y Mia Farrow, apareció en los cines. Como dice Tennant: "esa fascinación por el glamour de Hollywood había empezado a ser un interés camp por el kitsch". Ahora era grave ".

"Bryan nos hizo querer ser sofisticados. O, como decían mis amigos de Newcastle: "sophis".

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