Satin Island de Tom McCarthy
(Pálido Fuego, 2016) es una novela sobre “lo contemporáneo”. ¿Qué significa esto? ¿Cuáles son sus
insondables misterios? “Lo contemporáneo” es el Zeitgeist, el espíritu de la época de una era que ha dejado de
pensarse en términos históricos; un tiempo donde la frecuencia tabuladora y de
sondeo de los motores de búsqueda online delinean un mundo de identidad y
diferencia, todo ello junto y a la vez. “Lo contemporáneo” es un mundo (nuestro
presente) donde se otorga una importancia desmedida a la narrativa y al “relato”
(en cualquier ámbito de la cultura, pero sobre todo en el consumo). Insuflar
narrativa sobre productos que aún no existen, tanteos de marketing viral,
tendencias predictivas; nuevas ramas de la antropología social aplicadas al
credo de la empresa creativa, neoliberal.
En este libro de ficción y antropología
sobre el mundo invisible y corporativo que nos rodea, U., el narrador y protagonista,
es un antropólogo admirador de Lévi-Strauss trabajando para una compañía
consultora; una Compañía cuyo servicio es dar
significado a las cosas,
significado al mundo. U. pone en práctica el método etnográfico contemporáneo,
actual. De estudiar “la noche” y sus hábitos, de analizar la relación histórica
entre Lévi-Strauss y los vaqueros Levis Strauss, pasa a obsesionarse con el
Gran Informe, un gran encargo para una compañía llamada Koob-Sassen consistente
en escribir el texto definitivo de
nuestra era. “A un antropólogo no le interesa lo singular, sino lo genérico” dice
U., mientras por otra parte trata diariamente con agentes, clientes, empresas,
gobiernos, cuyo único objetivo en la vida es resingularizarse, una y otra vez.
Mientras delinea los contornos de este
Proyecto, el Gran Informe, U. pasa su tiempo obsesionado con vertidos de crudo
y una trama detectivesca de paracaidistas suicidas mientras recuerda una noche
atrapado en el aeropuerto de Torino-Caselle. El trabajo de U. en la Compañía consiste
en lo siguiente: “Significa que desbaratamos la fibra de una cultura (la nuestra),
su trama y urdimbre –las situaciones que genera, las creencias que la apuntalan
y nutren–, y hacemos partícipe al cliente de cómo puede conseguir una mejor
adherencia sobre esa fibra para así poder introducir él su propio y fino hilo
de seda en dicho género, bordarlo estratégicamente o adornarlo con una
mini-narrativa (una manera enrevesada de decir: vender su producto)”. (…) “Se
trata de identificar y sondear comportamientos granulados, mecánicos,
extrapolando de una porción de muestra un conjunto de esquemas, a la medida de
cada informe, esquemas que, tomados como un todo y contrastados con los
hallazgos de estudios más ‘objetivos’ o empíricos (análisis cuantitativos, modelos
econométricos y similares), ponen al descubierto algún tipo de lógica social
interna susceptible de ser empleada, puesta en uso.” (p. 30)
Estamos ante un ensayo novelado, y la
cantidad de ideas (sugerentes y excitantes) que aquí acontecen son dignas de mención.
Tom McCarthy se presenta como un escritor virtuoso cuya concentración en los
detalles hace vibrar al texto de manera sobria y elegante a la vez. La “trama” que
relata es un tanto frustrante, pero en el camino deja pepitas que brillan con
fuerza. Esta ficción-ensayo puede contextualizarse en el propio bagaje de
McCarthy, él mismo un artista o cercano a los discursos teóricos que lo
acompañan. De hecho su primer libro, Remainder, se publicó por primera vez en Metronome Press, una editorial puesta en marcha por Clémentine Deliss con la finalidad de publicar novelas escritas por artistas. Como cuando U. se refiere al filósofo francés Badiou de quien
“reciclé su noción de desgarro, una súbita ruptura temporal, aplicándola,
naturalmente, a las roturas de los pantalones vaqueros, que presenté como
cicatrices de nacimiento de la singularidad de su portador, testamentos a la
desavenencia del individuo con la historia general, a la exitosa institución de
un tiempo personal.” (p. 41)
La novela es en parte tautológica, pues
ese Gran Informe que se está tratando de elaborar no es sino el propio libro
que el lector tiene entre sus manos. Descrito como un “Kafka de la era Google”,
el calificativo se ajusta bastante a un escritor que parece partir no de la
fluidez del lenguaje de un DeLillo, sino del cut and paste paciente y retrabajado de un collage gigantesco. Satin Island es un libro que
luce como una crítica a la ahora tan cuestionada cultura creativa empresarial.
Una novela para nuestros “tiempos interesantes”.