La capacidad de Burial para producir
emoción no ha sido del todo codificada. Ya sea el sonido étnico del sitar, el
sonido vocal que simula el canto de los delfines o el ruido atmosférico de la
aguja del vinilo. La multiplicación de matices, la repetición del detalle
orquestado alrededor de un centro ausente, la voz filtrada por los aparatos de sampling, los gloriosos instantes de
subidón que preceden a la posterior depresión, las revelaciones de lo marginal,
urbano y psicótico. A cada entrega, Burial consigue transportar al oyente a
paisajes contaminados, llenos de memoria. La diferencia entre emoción y afecto.
Una relación a investigar en lo sucesivo. Cojamos por ejemplo su último EP,
“Rival Dealer” (2013), que tanto sorprendió a los fans y polarizó la opinión de
la crítica musical. Desde el tema que da comienzo al EP, “Rival Dealer” un
furioso corte de Jungle con un giro inesperado hacia su final, a los dos temas
más discutidos, “Hinders” y “Come Down to Us” recuerdos del synth-pop más emo con toques New Age, multiculturales
y alusiones al género y a la sexualidad, esta música está realizada para un
recepción futura que no ha sido del todo asimilada en el presente.
El posmodernismo de Burial, un
apropiacionismo orientado hacia la creación de contenido y no la repetición de
lenguas o sonidos muertos, no está asociado al historicismo. Cada matiz, cada
digresión en la continuidad de los temas, nos sitúa en una forma cuya utopía se
modela a cada recepción.




