


This is a space for criticism, critique and meta-commentary. Este es un espacio personal para la crítica y el meta-comentario. “The dialectical critic of culture must both participate in culture and not participate. Only then does he/she do justice to his/her object and to him/herself”. Theodor W. Adorno, ‘Cultural Criticism and Society’







Definitivamente estamos inmersos en una situación complicada para el arte contemporáneo. Las alarmas rojas se encienden a lo largo y ancho del mapa. La crisis económica tampoco ayuda. Estamos además asistiendo a la progresiva asimilación de la figura del comisario como un agente servil para aquellos que manifiestan esa misma pérdida de fe en el potencial social del arte contemporáneo. Hemos pasado de una coyuntura en la que la no existencia de comisariado dentro de las instituciones era la norma habitual, a saber, instituciones surgidas al calor de diputaciones y gobiernos regionales con sus esquemas funcionariales, a una situación como la actual donde se sospecha de cualquier comisariado con criterio al mismo tiempo que por otro lado se busque cierta heterogeneidad comisarial dentro de la institución. El contexto discursivo hace bien poco era pre-comisarial, claramente reaccionario. Mientras que ahora el mismo conservadurismo impera a la vez que se considera al comisariado como una ventolera de aire fresco que de vez en cuando está bien incorporar. Es imposible cambiar nada desde esa posición de debilidad. En esa etapa pre-comisarial los curators lo tenían dificil. Ahora, inmersos en la rentabilidad a corto plazo, el comisariado es poco más que un argumento en manos de políticos y gestores culturales, pues al igual que antes, son estos los que siguen al mando de las instituciones.
Imaginar un marco post-comisarial es poco menos que una quimera. Para ello debería superarse el estado actual de confusión sobre el comisariado (mención aparte para el estado de una crítica de arte anestesiada por el surgimiento de ese mismo comisariado).
La predicción realizada a principios de la década de que la lucha ya no estaba centrada alrededor del conflicto de intereses entre los artistas y la crítica se ha desplazado ahora a una lucha entre el comisariado y la crítica. Esa misma predicción indicaba un crecimiento del comisariado a escala global de manera que éste se convertiría en una entidad auto-consciente, llegando a alcanzar un grado de sentido de comunidad similar al colectivo de artistas, pero donde en lugar de solidaridad sólo habría antagonismo y competencia. Pues bien, ya hemos llegado.
Se hace difícil contemplar un futuro post-curatorial cuando todavía no se han resuelto las contradicciones implícitas de una fase pre-curatorial y de aquella de la normalización del comisariado. Mientras todo esto acontece, la ruleta institucional gira y gira. Sin parar.



“Such is the sadness of life” “Such is the sadness of life” “Water in milk exists”
Y justo después un directo plano de sexos copulando. Y después otro. Y mientras tanto pensamos en el sentido de una estructura, según Lawrence. Aprendemos que según Mies van der Rohe dos ladrillos conforman una estructura, una unidad compuesta por un par. Dos es el número con el que poder levantar algo. Dos (Numéro Deux) es el número dialéctico, n’est pas Jean-Luc? Uno, dos, tres… ladrillos, cuerpos. No es una simple cuestión de sustituir ladrillos por cuerpos. Se trata más bien de la ontología de una estructura, o una ontología de cuerpos copulando. Es pues eso, una estructura, y en una entidad tal, es posible hablar sobre física cuántica en el impasse del acto sexual. “Do you think is specific or general reality?” “Specific” o “general”. ¿Pero el qué? ¿La estructura? ¿Los ladrillos? ¿La felación? ¿Un ente compuesto por dos partes que están física e intelectualmente unidas puede entonces ser una “estructura”?
Water in Milk Exists es una estructura rodada por Weiner y el cineasta Kiki Allgeier hace un par de años con la ayuda del Suiss Institute de Nueva York, y que transcurre en una de las salas expositivas del propio espacio institucional, en Broadway 495. Además, empalma con alguna otra de sus películas pornográficas de los años 70, como A Bit of Matter and a Little Bit More. Un Weiner pornógrafo no debería sorprender a nadie. Entra dentro de la lógica que le es consustancial. No se trata de tener que escoger entre una película porno artística, categoría atribuible a cierto cine de auteur porno, y un experimento artístico donde hay sexo. El momento en el que el sexo pasa a ser pornografía no está del todo delimitado. La clave reside en el objetivo que se busca, la mirada que se busca. Aquí se muestra el placer. Sin erotismo, sin deseo. No se busca gratificar la mirada del espectador. El sexo puede ser duro. Duro de ver en la distancia corta y en una sala bien iluminada.
¿Es Water in Milk Exists pornográfica? También lo es Sade. Dennis Cooper… también, a veces. El arte, la literatura y el cine son mecanismos de distanciamiento y de acercamiento.
Es destacable que Water in Milk Exists se combine con fragmentos de texto y gráficos del libro que Weiner realizó para su nieto, Henry the Navigator in a Sea of Sand donde se busca una “estructura” que lo proteja. También que las premieres sean siempre en cines o situaciones “live” con una colectividad como espectadores. Ahora que el placer individual viaja por conexiones ADSL, Water in Milk Exists fue “screeneado” en el único cine X que todavía queda en la ciudad de Basilea con motivo de Art Basel 08.
Si la leche existe en el agua puede abrir una conversación sobre ontología. Lo que si sabemos es que después de Water in Milk Exists el comentario realizado una vez por J. G. Ballard de que no existen lugares más eróticos que las galerías de arte se queda corto.





Preguntarse sobre qué reciente es nuestra modernidad o qué antigua es aquí la cuestión que se plantean algunos hoy en día: “la modernidad es nuestra antigüedad clásica” podría alguien otro añadir. Pero la conversación no giraba por esos derroteros durantes los primeros días del mes de Julio. Un grupo de personas está otra vez en la casa, hablando de cosas variadas y con ganas de comerse un entrecote en una improvisada barbacoa en la terraza de Mies.
La Haus der Esters y su par Haus der Lange, fueron dos casas proyectadas por Mies van der Rohe en 1927-28. Separadas por escasos 30 metros cada una de ellas parece señalar una variación en cuanto a su planta, liberándola de la caja cerrada. Ambas casas comparten un jardín en la parte de atrás, y no existen verjas ni limitaciones territoriales de ningún tipo, lo que puede hacernos pensar que Lange y Esters gozaban de excelentes relaciones de vecindad.
La estructura de las casas es de ladrillo, lo que le da un aspecto rugoso y duro, algo que comparten con el Monumento a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo construido en 1926 (y posteriormente destruido). La gran diferencia estriva en la apertura de grandes ventanales horizontales en las dos casas, que aligera el brutalismo del monumento a los espartaquistas del PSD (Partido Comunista Alemán). Pero este Mies es todavía el mismo, el de los volúmenes rectangulares de ladrillo como eje constructor.


Resulta interesante comprobar cómo en uno de los laterales de la casa de los Esters se halla una cabaña de generosa dimensión, donde tranquilamente podría habitar una o dos personas, lo que alimenta la fantasía de que quizás la cabaña fuese la morada del jardinero y su familia. Suposiciones aparte, una de las leyendas que corre es que los Esters compraron la cabaña en la década de los treinta, y que ya entonces se trataba de uno de los primeros prototipos de cabañas prefabricadas o de una sola pieza, si no el primer modelo. Cuesta poco imaginar la llegada de la cabaña en un gran camión de la época, y su instalación en el jardín con la finalidad que fuera. La leyenda también cuenta que cuando las fuerzas aliadas tomaron Krefeld, fueron los británicos los que ocuparon las dos casas, pues cuesta poco imaginar que sus dueños gozaban de los privilegios nazis, mandando fulminantemente a los Esters y a los Lange a la cabaña, quedándose ellos con sus confortables casas como un botín de guerra. Podía haber sido muchísimo peor para los Esters y los Lange, comentó algún interlocutor, cárcel o quién sabe qué. Que les enviaran a la cabaña no estaba tan mal, en el fondo.
Como trasfondo de estas historias dos exposiciones de fondo, pues estas dos casas albergan parte del Museo de Krefeld (o Kunstmuseum). Una vez más un joven y un viejo. El joven, belga, escultor, de nombre Koenraad, de apellido Dedobbeleer. Lugar de exposición Haus der Esters. El viejo, americano, mejor dicho californiano, de nombre John, de apellido Baldessari, todojunto John Baldessari. Artista conocido, entre el Arte Conceptual y el Pop art. Su lugar, la Haus der Lange. Existe un guiño en la intervención de Baldessari que parece solaparse con el Monumento de ladrillo de Mies en Berlin. El artista ha tapiado todas las ventanas con una tela que imita la fachada de la casa. Desprovista de ventanas, como muros ciegos de ladrillo marrón, la casa se asemeja a un bunker. Pero Baldessari se reserva una ración de Anti-Mies, "psicoanalizando" la casa mediante un sofá con forma de oreja y unas narices invertidas como floreros.
“¿Y si la ‘antigüedad’ fuese, en cierta coyuntura histórica, la consecuencia necesaria de la novedad?” escribió Benedict Anderson en sus Comunidades imaginadas.
En Krefeld un grupo de gente se reune, come, habla y disfruta del arte en buena compañía.