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| Peter Lorre en M (1931) de Fritz Lang. Su mirada de terror al descubrirse en el espejo con la letra M escrita en su espalda es una imagen-icono por derecho propio. El debate sobre el expresionismo en los años 30-40 es uno de los grandes temas a considerar, todavía hoy. |
11/26/2017
Cuatro imágenes del siglo XX
Etiquetas:
fantasma semiótico,
República de Weimar,
siglo xx
11/24/2017
Técnica e inteligencia. Anni Albers
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| Anni Albers, Red and Blue, 1954. Imagen cortesía Museo Guggnheim Bilbao |
Los textiles de Anni Albers como claves
interpretativas de la modernidad en las artes.
El textil y la tejeduría están cada vez
más presentes en el arte contemporáneo. La combinación de arte aplicado y
popular, artesanía y bella arte, hacer y pensar en telares y tapices ha puesto
de relevancia los sentidos de la vista y el tacto. Una tela incorpora la
memoria de su fabricación. También una emoción táctil en una materialidad
principalmente migrante. El tejido, la textura, pueden verse como un microcosmo
ampliado de lo social: a una línea vertical (la urdimbre) le atraviesa otra
horizontal (la trama).
Un precedente fundamental, y moderno, a
esta actualidad es Anni Albers, nacida Annelise Fleischmann (Berlín, 1899 –
Orange, Connecticut, 1994). Su obra contribuye ahora a una reconstrucción
moderna inacabable que recupera historias consideradas no-canónicas o al
margen. Esta muestra corrobora la relevancia de Anni Albers en la comprensión
de la forma como principio básico de la modernidad estética. Esta aventura que
aúna vida y obra comienza cuando ella abandona en 1922 la comodidad de su
pudiente entorno familiar. La respuesta la encontraría en la Bauhaus, donde la
artista siente la atracción emocional por la nueva sencillez y sobriedad de la
vida moderna. Annie entra en el departamento textil, uno de los talleres más
exitosos. Es allí donde encuentra a la persona con la que compartirá su vida,
el pintor Josef Albers. Sus años en la Bauhaus (entre 1922-1932) se
caracterizan por el influjo de Walter Gropius y, especialmente, Paul Klee,
quien mantuvo una estrecha relación con el taller textil. Su biografía señala
que un día oyó decir a Klee que dibujar era sacar una línea a pasear y,
entonces, pensó: “pues yo llevaré el hilo a donde pueda”.
La aventura de la línea sobre el plano
auguraba una dialéctica que afortunadamente, y para goce del espectador, permanece
irresuelta: esto es, el dualismo de la tejeduría entre arte aplicado y arte
independiente, o autónomo. El término Gestaltung, que en su polisemia significa
diseño, composición, delineación o figuración, compendia esta dialéctica. La
lógica de Gropius era que la artesanía y el trabajo manual debían centrarse en
el desarrollo de prototipos para la industria. Esto significaba que la tarea de
la Bauhaus era la producción y distribución igualitaria de forma, no de
objetos. Ello reunía al artista con el diseñador, el arte y el diseño como un
solo campo enfangado en el juego de la forma.
Continuar leyendo, Babelia, El País
Etiquetas:
Anni Albers,
bauhaus,
modernismo
11/13/2017
Los Ángeles: recuerdos de viaje (relecturas)
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| Westin Bonaventure Hotel, (1974-1976) John C. Portman |
Hay algo de amor adolescente en el
descubrimiento de Los Ángeles: la excitación de la primera vez junto con la
lectura de señales titubeantes que uno trae incorporadas como clichés. Después
del subidón inicial viene la caída, y con ella un lento y fructífero
aprendizaje. Para los foráneos asentados en la macrourbe, todo neófito
proporciona un recuerdo diferido de su propio descubrimiento. Los recuerdos de
viaje fueron para Walter Benjamin una manera de rememorar lugares y también una
oportunidad para divagar en los compartimentos que la experiencia construye. ¿Cómo
sería un recuerdo de Los Ángeles? ¿Y cómo recordar releyendo algunos textos que
previamente contribuyeron a forjar una imagen, idealizada o distorsionada, de
ese lugar? El recuerdo es como una habitación abandonada. Lo que importa no es
cómo algo era realmente, sino cómo creo mi propia memoria de ello.
MAPAS
Desde el suelo, lo primero que se observa
en L.A. es una maraña de conexiones e islas de cemento entre los enlaces de las
arterias vertebradoras. En su libro de 1971, Los Ángeles. La arquitectura de cuatro ecologías, Reyner Banham
amplió el concepto mismo de ciudad al establecer cuatro ecologías de estudio
que gobiernan en este paisaje: las playas, las colinas, las planicies y la red
viaria. Sobrexcitado por la energía que desprenden los nudos de las autopistas,
Banham comentó que aprendió a conducir con el fin de leer la ciudad
correctamente. En 1972 realizó un documental para la BBC, “Reyner Banham Loves
Los Angeles”, donde alquilaba un coche y una cinta de grabación a modo de
audio-guía con el fin de establecer un sistema de orientación en la ciudad. Más
tarde se hizo recurrente la teoría urbana de que a la hora de navegar por el
espacio posmoderno necesitamos de “mapas cognitivos” que nos sirvan para la
comprensión de una totalidad que se ha vuelto indiscernible. A partir del
estudio pionero de Kevin Lynch, La imagen
de la ciudad (1960), Fredric Jameson señaló que la alienación urbana es
directamente proporcional a la dificultad que tenemos para mapear las grandes
superficies del tejido urbano. En su estudio anterior, Lynch informaba que los
usuarios podían entender el entorno a través de mapas mentales consistentes y
predecibles, estableciendo una serie de elementos o puntos de referencia como
caminos, calles, aceras, bordes o límites percibidos como paredes o edificios;
distritos o zonas de las ciudades que se distinguen por una identidad; nodos o
puntos focales, así como intersecciones y, finalmente, monumentos u objetos
identificables. Para Jameson, los mapas mentales de Lynch pueden extrapolarse a
partir de los mapas mentales sociales generales y globales que todos llevamos
en nuestras cabezas de forma confusa (sin menospreciar el dominio de la
imaginación en la creación de esos mapas). Sin embargo la situación es ahora otra, y la actual geolocalización tecnológica
de sentirnos constantemente ubicados en un punto supone al mismo tiempo una
novedad y una alteración de la experiencia urbana.
Son compañías como UBER las que
transforman completamente ese agudo sentido de la percepción que es sentirte
todo el rato en un lugar concreto. El mapa coincide con el territorio casi por
ósmosis o penetración recíproca. UBER ha modificado la idea misma del mapa
cognitivo, aunque más relevantes y no menos indetectables son sus efectos en el
trabajo, la circulación y la gentrificación urbana. Estas señales son
completamente perceptibles en L.A. aun en un periodo corto de tiempo.
Seguir leyendo en Campo de relámpagos
11/10/2017
11/06/2017
10/30/2017
RESEÑA: No Fish, Snake Scale, Karlos Gil en García Galería, Madrid
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| Karlos Gil, Untitled (french curves) I y II, García Galería, Madrid |
La coincidencia en el tiempo del estreno
de Blader Runner 2049 con la reciente
exposición del artista Karlos Gil en García Galería contiene más de una
fructífera analogía. El título de la exposición, No Fish, Snake Scale, es una frase sacada del Blade Runner dirigido por Ridley Scott en 1982. La frase, de
significado misterioso, recuerda una de las claves de la ciencia-ficción
literaria consistente en la reinvención del lenguaje mutado en su uso ordinario
o en el sentido común. Esta lógica lingüística parece encontrar aquí un nuevo
escenario para la decodificación de los signos. La colisión entre dos Blade Runner, viejo y nuevo, parecería
igualmente el escenario donde las piezas encuentran un fondo residual que las
envuelve.
Una obra concreta, French Curve, recupera dos logotipos del león de la marca de coches
francesa Peugeot. El león, en su versión años 30 y 50, difiere
estilísticamente, aunque ambos conservan la misma función que es ser el emblema
que corta el aire en su aceleración e impulso hacia el futuro. Montados en
simples accesorios de plexiglás y sin intervenir, el león de Peugeot es la
insignia de una escudería y un recuerdo colectivo incorporado al subconsciente.
Pocos días después de observar la intención semántica del artista con esta
pieza, la marca Peugeot salía de nuevo a mi paso, y no era sino en un plano
concreto de Blade Runner 2049. Sí, el
coche volador negro de puertas deslizantes hacia arriba conducido por K (Ryan
Gosling) es un prototipo Peugeot. para sorpresa de muchos internautas que han
reparado en ello. Es una elección extraña, dado que se trata de una película
estadounidense ambientada nuevamente en Los Ángeles en 2049, y los Peugeots no
se han vendido en este país desde 1991, así como tampoco otras marcas francesas
como Renault y Citroën. ¿Acaso Peugeot trataría de introducir un mensaje en el
subconsciente sobre su futura introducción en el mercado norteamericano?
Las piezas de Karlos Gil contribuyen a
ese viaje en el tiempo a través de los signos, o en medio del influjo narcótico
de su imperio. El pasado es un repositorio de significados añadidos que
recuerda un porvenir maquinizado, perfeccionado, mediante un anagrama barroco
pulido y la carrocería metalizada donde se lo incrusta. No es la primera vez
que Peugeot aparece en una obra de arte. En Out
of Projection (2009), el artista croata David Maljkovic usaba como escenario
la central de Peugeot en Sochaux para mostrar prototipos de coches futuristas
sin uso real, o que quedaron descartados en su día debido a una futuridad
obsolescente en su diseño. (Out of
Projection adoptaba la forma de una instalación audiovisual para la
exposición individual de Maljkovic en el Museo Centro Nacional Reina Sofía de
Madrid). El arte de Gil comparte no pocos intereses con este y otros artistas
inmersos en una arqueología de la modernidad donde se desvelan futuros
solapados y jeroglíficos que parecen fantasmas.
Hace poco tiempo oía decir a Franco
“Bifo” Berardi que la modernidad es el resultado de una inflación de signos.
Caos y modernidad están estrechamente relacionados: el orden semiótico de la
modernidad no consigue reducir la realidad, no la somete a una Gestalt o a una forma predeterminada. El
caos es una cuestión de temporalidad, un producto de la aceleración. En toda
aceleración, las líneas lumínicas de neón son como puntos de fuga en una línea
del horizonte. Fue en la modernidad donde nació el cartel mediático moderno, y
de ahí el anuncio publicitario y reclamatorio de la fusión entre nueva
tipografía y anuncio luminoso. Las dos piezas de Gil con neón, Redundancy (de-extinction), parten de
neones reciclados de antiguos letreros de Hong Kong donde la nueva tecnología
LED les ha sustituido. El neón es a la luz lo que el corte láser es a la
materia. Como ocurre con el celuloide y lo analógico en le era digital, el
imaginario de Blade Runner no hace
sino aumentar la obsolescencia de tecnologías como el neón y el holograma.
El universo sígnico y cultural de Karlos
Gil es sofisticado y nunca evidente. No es espectacular, sino codificado y
reconcentrado en una ontología de la escultura-objeto-signo. Adquiere consistencia en una galería
joven cuya línea artística favorece a artistas cuyo trabajo se centra en la interrogación
del objeto de arte y su semiótica. Dicho de otra manera, ¿cómo pueden convivir
armaduras medievales, órganos corporales y un esquematismo minimalista
futurista y lingüístico?
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| Karlos Gil, Redundancy (de-extinction) II, 2017 |
Etiquetas:
ciberpunk,
escultura,
Karlos Gil,
semiótics
10/25/2017
RESEÑA: "Blade Runner 2049" (2017), Dennis Villeneuve
Procesando
Blade Runner 2049. Lo que tiene cualquier
expectativa desmedida es que casi siempre acaba cumpliendo con aquello que le es
inherente: su propio fracaso. Blade
Runner 2049 ha sido saludada con tanto entusiasmo como desagrado. Blade Runner (1982) de Ridley Scott era
una película biográfica para toda una generación, y es lícito para las nuevas
generaciones sentirse libres del aura de su mitología. ¿Qué hacer con Blade Runner 2049? No puede negarse que estamos
ante una producción de estética poderosa y ambición desbordantes. La amplitud de
la promesa predispone al cuerpo y a la mente para sus 160 minutos de duración. Los
primeros 30 tienen el aire mágico y una tensión que augura adrenalina y emoción.
A la primera hora se le concede el beneficio de la duda. Cuando llevas dos
horas aparece Deckard (Harrison Ford), y desde ahí hasta el final es el delirio
(entre el sopor y el ridículo). Cualquier película de ciencia-ficción ha de
contener un principio, que evidentemente no es representar la realidad, y éste
es el de hacer verosímil lo inverosímil. Cualquier efecto de credibilidad cinematográfica
depende de un ejercicio de escritura. Es decir, consiste en cogerle el pulso a
la trama, hilar un relato, en el arte de narrar. Cuando esto no se logra, la
tarea del director de cine fracasa.
Regresemos
a la estética, la cual resulta aplastante. Es sin embargo este aplastamiento lo
que cancela la posibilidad de disfrute de los numerosos detalles desplegados,
por hipersaturación. La acumulación sin descanso de imágenes y escenarios se subsume
a una totalidad que no refleja el universo artístico de nadie en particular, ni
el del director de fotografía ni tampoco Villeneuve. Lo que domina es una
producción mainstream cuyo gigantismo
anula cualquier posibilidad de alma (y convendremos que es esto, sobre todo
esto, lo que hacía del precedente algo tan especial). Allí, por unas razones
que pueden ser epocales (o puro zeitgeist)
había magia.
Resultan
sin embargo interesantes bastantes detalles camuflados: la gabardina desgastada,
imitación piel, estilo aviador más que detective, de K (Ryan Gosling), como un
icono e indicador cultural del pasado convertido en un seño de identidad. La
cazadora reactiva en el imaginario del espectador todo un submundo
pormenorizado de referencias y metarreferencias. Una sucesión calculada de
“instantes”, ambientes y objetos bien explorados hubiera bastado para hacer de Blade Runner 2049 un jubiloso enjambre
semiótico a desentrañar. Un mayor extrañamiento cognitivo. Pero había que
contrarrestar esas briznas decodificadoras con concesiones al espectáculo
grandioso. Otro acierto es el personaje de Joi y la consola, una idea que
recuerda a Her de Spike Jonze (uno de
los filmes de ciencia-ficción más sutiles e interesantes de los últimos tiempos).
(Tampoco faltan ecos de A.I. y Minority Report de Spielberg, entre
otras muchos referentes contemporáneos). Cabe ahora preguntarse qué hubiera
dado de sí la producción si el foco se redirigiera hacia una recontextualización
y codificación del ciberpunk semiótico virtuoso, y que tiene en el Downtown lluvioso asiatizado y hologramatizado
su mejor y más característica representación.
El
ciberpunk era una respuesta estética a la crisis de la metrópoli urbana
descompuesta, guettizada, y a la
superpoblación de manera que, en el fondo, Blade
Runner era la versión posmoderna de Metropolis
(1927) de Fritz Lang, o cada una de ellas una meditación de su tiempo acerca
de los problemas de la vida moderna. Muy poco de esto aparece en Blade Runner 2049, irrelevante y
políticamente estéril desde el punto de vista sociológico y urbano. (La
recreación del hotel abandonado estilo Art
Deco 30’s donde K y Deckard se encuentran resulta magistral, pero todo eso
no supone ninguna novedad con respecto a la cinta de 1982, la cual toma el Art Deco Downtown de Los Ángeles como escenario y motivo principal). En
lugar de coger la ciudad como tema, y con ello enfatizar el tema de los bajos
fondos y los modos de vida futuros ahí, Blade
Runner 2049 prefiere mostrar un porvenir ruinoso, post-apocalíptico,
post-nuclear, que nos es familiar a través de decenas de películas
post-apocalípticas que el cine de acción ha fagocitado en las últimas dos
décadas. Junto a la inexistencia de una crítica urbana, la secuela ha erradico también
el peso del cine negro “clásico” o neo-noir
(neón-noir), y que era uno de los
cordones umbilicales del historicismo de la primera. Todo el peso argumental
recae ahora en los replicantes y su lado má-humano-que-lo-humano.
A
colación de esto, es preciso una valoración desde el punto del posmodernismo (y
la categoría de “cine posmoderno” es fundamental en este blog). Si Blade Runner es, como sabemos, una de
las producciones estrella de aquello que se denominó como estilo posmoderno o
posmodernismo, ¿qué estatus dar entonces a este Blade Runner 2049? Mi opinión es que el resultado de la secuela
moderniza el original. La secuela es, literalmente, un pastiche sacado de la
primera y no puede despegarse en ningún momento de su fuente canónica ni tampoco
cobrar vida propia y deshacer la autoridad (moderna) del referente. Me ahorraré
comentar el más-que-guiño a la muerte del replicante Roy Batty. Es más
provechoso fijarse en la banda sonora del dúo Wallfisch y Zimmer, geniales en
el diseño sonoro y los ruidos, pero blandos e incapaces de distanciarse
mínimamente de los acordes de Vangelis. Aunque no fuera ésta la intención, el
concepto de pastiche se inventó precisamente para definir lo que hacen aquí. Dennis
Villeneuve pretende rendir homenaje, carga la película de citaciones, pero el
resultado es el de una falsa continuidad. El mayor bochorno del pastiche es la
secuencia post-nostalgia e hiper-retórica del holograma analógico emitiendo
fragmentos culturales norteamericanos del siglo xx:
Marilyn, Elvis y Frank Sinatra.
Para finalizar,
las lecturas críticas (o políticas) de Blade
Runner 2049 se diluyen en ese humanismo más-humano-que-lo-humano de los
replicantes de nueva fabricación. Es éste, desde mi punto de vista, el poso más
reaccionario, pues sucede en el tiempo a una realización que era una plasmación
anti-humanista de la filosofía de los 60 y 70 y que, entre otras cosas, desemboca
en la teoría del cíborg de Donna Haraway en su “Manifiesto Cyborg” (1984). En
la película que nos ocupa, sin embargo, se introducen categoría morales: el
bien y mal (y para ello se inventa un super-maligno (Wallace) más perverso y
estereotipado que el fundador de la Tyrell Corp.); replicantes buenos y malos, y
a la vez se rechaza adentrarse en la exploración de algunos de los aspectos
biopolíticos más estimulantes del sci-fi
como son la hibridación del género y la sexualidad. ¿Y qué cabe decir de todo
ese discurso sobre la procreación? Blade Runner 2049 bien
merece el espectáculo, pero la expectativa cumple con su propio significado.
10/09/2017
Una entrevista sobre crítica de arte. Tenerife.
Una entrevista realizada por Mayte Méndez. Departamento de comunicación TEA, Tenerife. Septiembre 2017. Publicado en Diario de Avisos, Tenerife.
-Llega a la Isla esta semana para participar en un programa que, bajo el título de ‘Dispositivo Vórtice’, trabaja en fomentar el pensamiento crítico cultural ¿Cuáles son sus aportaciones a esta iniciativa? ¿Sobre que temas pivotará su encuentro?
La intención principal consiste en tratar de vincular la crítica con la publicidad, los modos en los que se relacionan y las resistencias de la primera con respecto a la segunda. Por publicidad no solo me refiero a una promoción o a la propaganda, también me refiero a la relación etimológica que la palabra tiene con lo público, en concreto con la participación en la esfera pública. Por ello me interesará indagar en la relación del ejercicio de la crítica con los medios de comunicación, tanto en prensa impresa o en papel como online.
-¿Cómo se crea o cómo se consigue crear ese pensamiento crítico?
Creo que no hay que fetichizar conceptos como “pensamiento crítico”. Si algo lleva, de entrada, la etiqueta de “pensamiento crítico” me hace desconfiar. Me gusta más observar los modos en los que las prácticas artísticas o culturales inciden en lo diferencial y prestan atención a sus formas. Reivindicar y desvelar el modo en que las formas modifican el contenido me parece una aproximación crítica para nuestro tiempo.
-TEA Tenerife Espacio de las Artes es un centro de arte contemporáneo que apenas ha cumplido su primera década ¿Ya ha tenido usted la oportunidad de conocerlo con anterioridad? Y, si es así.. ¿Qué llamó su atención, qué destacaría de él y de sus proyectos expositivos?
No lo conozco personalmente pues nunca he visitado la isla. Este es uno de los motivos por los que me interesa el desplazamiento. Obviamente sí conozco TEA de referencias.
-Múltiples son las definiciones así como el amplio espectro de manifestaciones artísticas con las que nos encontramos en la actualidad. Le acerco una pregunta sobre el eterno debate de definir qué es el arte pero acorde a nuestros tiempos, a nuestras realidades ¿Cómo definiría usted el arte contemporáneo?
El arte contemporáneo es sobre todo una realidad de la que participa cada vez más gente en todo el mundo. Es un hecho constatable. Pero más allá de su configuración comercial e institucional, el arte es la práctica y el modo de vida del artista. Una práctica que puede llegar a ser, o no, una profesión, y que consiste principalmente en hacer cosas con ideas y con formas, en ensanchar la imaginación. Algo muy necesario en nuestro mundo.
-En un mundo tan globalizado, tan conectado y supuestamente, más informado, el arte contemporáneo sigue suscitando las mismas preguntas y continúa siendo difícil de digerir para ciertos públicos que se reafirman en que éste no se entiende. En la actualidad, ¿Qué papel tiene el público, cuál es su relación con el arte contemporáneo y sobre todo con el más vanguardista? ¿Y los críticos de arte, qué papel desempeñan?
El arte no puede ser una obligación para nadie. Ha de estar, sin embargo, sustentado en la educación. El déficit está en la educación cultural de la sociedad, no en el arte. Disparar al arte, por su complejidad o porque puede llegar a ofender, es una respuesta reaccionaria, meramente defensiva. El turismo ha alterado la dimensión del arte, lo ha ampliado pero también en cierto modo distorsionado. La crítica ha de servir de intermediación y a su vez ha de aspirar a ser ella misma una forma de arte.
-En la época en la que vivimos parece que es más fácil poder ejercer la crítica, y día a día nos encontramos con más voces que opinan de arte (entre otros temas) desde diferentes canales y en ocasiones desde el anonimato. Se generan debates, nacen propuestas interesantes pero también aparecen palabras que dañan y que hablan desde el sinsentido. ¿También el arte, los artistas e incluso los propios críticos son ‘víctimas’ de estas?
La crítica aloja en su interior una doble valencia, una negativa y la otra positiva. Gestionar esto es tarea de la dialéctica (hegeliana o marxista). Cuando se centra exclusivamente en la primera puede llegar a ser una forma de autoridad, pero incluso ahí, puede resultar valiosa. Centrada en la segunda puede ser periodismo o publicidad, también válida. Sin embargo ser conscientes de la dualidad ha de conducir a nuevas modalidades de crítica. Ahora con las redes sociales y los canales para dar opinión y juicio parece sencillo criticar. Pero otra cosa es la posibilidad de realizar una crítica elaborada y pertinente.
- ¿En este sentido, el trabajo continuado que realiza desde su blog de crítica -Crítica y metacomentario- es el lugar más idóneo por su independencia en el que se puede desarrollar la crítica?
Así es. Se trata de un espacio de autonomía. No es tanto un lugar para escribir “bonito” sino un lugar para desencadenar el pensamiento a partir de afinidades electivas y pasiones personales. Es una zona para la construcción de subjetividad porque al crítico no debe negársele, como tampoco a ninguna otra persona creativa.
- ¿Cuál es su opinión respecto al sistema artístico español? ¿Qué aplaude de él y qué rechaza o critica del mismo?
Creo que acarrea una serie de déficits por efecto de nuestra historia y su complicada relación con la modernidad. Sin embargo hay una especificidad que es múltiple y muy plural (culturalmente hablando) que hace que por ejemplo mucha gente extranjera no entienda la Historia de España.
-Además de crítico de arte, es usted comisario ¿Cuáles son principales sus líneas de trabajo? ¿Qué le mueve a la hora de escoger a un artista, una obra?
Sí. Lo que no soy es un “selector”. Rechazo la posición del comisario como aquél o aquella que elige (obras, artistas, etc.) En muchos aspectos trabajar en una exposición es también trabajar un “texto” y afanarse en escribir. También hay investigación, diálogo, etc. Luego hay un placer en lo espacial, el montaje, etc. No comisario demasiado, y cuando lo hago siempre hay una motivación dentro que puede ser de tipo autorial o subjetivo, y también de tipo contextual.
-A la hora de hacer una crítica, a la hora de comisariar un proyecto ¿Tira del corazón o de la cabeza?
Sobre todo la cabeza. Pero conectada con las pasiones interiores. Mi trabajo y práctica son bastante reflexivas y por ello me gusta también el arte reflexivo, formal, conectado políticamente.
-¿Es más difícil hacer una crítica en la que se hable de una obra o de una muestra de manera positiva o negativa?
Depende. Ambas pueden ser o muy fáciles o muy complicadas. Una de las tareas de la crítica es deconstruir esta bipolaridad o binarismo.
-Le pongo en un supuesto, que podría ser posible o que tal vez ya no sea posible realizar… ¿Qué exposición le hubiera gustado poder reseñar, a qué artista le hubiera gustado entrevistar, conocer?
Me hubiera gustado poder asistir a la exposición Traffic en el CAPC de Burdeos en 1996, comisariada por Nicolas Bourriaud y desencadenador de la llamada “estética relacional”. Si pudiera rehacer el pasado… Ese año yo acababa mis estudios de arte y no era consciente de muchas cosas. Resulta que poco después tuve una vinculación muy estrecha con esa ciudad francesa y también he conocido y trabajado con artistas que participaron en aquella exposición. Por otro lado nunca conocí en persona a Oteiza pero no es algo lamento, tengo otras vivencias biográficas que completan mi relación con su obra y pensamiento.
-¿En qué trabaja actualmente? ¿Cuáles son sus planes de futuro más inmediatos?
Ahora mismo escribo dos ensayos para sendos catálogos, uno sobre Dora García y otro sobre Sergio Prego.
- La línea de producción de la crítica (consonni) es el título de la obra que usted publicó en 2014. ¿Está trabajando ya en una nueva publicación?
Sí. Tengo un borrador o manuscrito para un segundo libro donde el eje vertebrador es el concepto de “forma”. Necesito sin embargo afanarme más en su elaboración. Tengo igualmente ideas para libros futuros y espero que el tiempo me permita concretarlos y realizarlos.
-Llega a la Isla esta semana para participar en un programa que, bajo el título de ‘Dispositivo Vórtice’, trabaja en fomentar el pensamiento crítico cultural ¿Cuáles son sus aportaciones a esta iniciativa? ¿Sobre que temas pivotará su encuentro?
La intención principal consiste en tratar de vincular la crítica con la publicidad, los modos en los que se relacionan y las resistencias de la primera con respecto a la segunda. Por publicidad no solo me refiero a una promoción o a la propaganda, también me refiero a la relación etimológica que la palabra tiene con lo público, en concreto con la participación en la esfera pública. Por ello me interesará indagar en la relación del ejercicio de la crítica con los medios de comunicación, tanto en prensa impresa o en papel como online.
-¿Cómo se crea o cómo se consigue crear ese pensamiento crítico?
Creo que no hay que fetichizar conceptos como “pensamiento crítico”. Si algo lleva, de entrada, la etiqueta de “pensamiento crítico” me hace desconfiar. Me gusta más observar los modos en los que las prácticas artísticas o culturales inciden en lo diferencial y prestan atención a sus formas. Reivindicar y desvelar el modo en que las formas modifican el contenido me parece una aproximación crítica para nuestro tiempo.
-TEA Tenerife Espacio de las Artes es un centro de arte contemporáneo que apenas ha cumplido su primera década ¿Ya ha tenido usted la oportunidad de conocerlo con anterioridad? Y, si es así.. ¿Qué llamó su atención, qué destacaría de él y de sus proyectos expositivos?
No lo conozco personalmente pues nunca he visitado la isla. Este es uno de los motivos por los que me interesa el desplazamiento. Obviamente sí conozco TEA de referencias.
-Múltiples son las definiciones así como el amplio espectro de manifestaciones artísticas con las que nos encontramos en la actualidad. Le acerco una pregunta sobre el eterno debate de definir qué es el arte pero acorde a nuestros tiempos, a nuestras realidades ¿Cómo definiría usted el arte contemporáneo?
El arte contemporáneo es sobre todo una realidad de la que participa cada vez más gente en todo el mundo. Es un hecho constatable. Pero más allá de su configuración comercial e institucional, el arte es la práctica y el modo de vida del artista. Una práctica que puede llegar a ser, o no, una profesión, y que consiste principalmente en hacer cosas con ideas y con formas, en ensanchar la imaginación. Algo muy necesario en nuestro mundo.
-En un mundo tan globalizado, tan conectado y supuestamente, más informado, el arte contemporáneo sigue suscitando las mismas preguntas y continúa siendo difícil de digerir para ciertos públicos que se reafirman en que éste no se entiende. En la actualidad, ¿Qué papel tiene el público, cuál es su relación con el arte contemporáneo y sobre todo con el más vanguardista? ¿Y los críticos de arte, qué papel desempeñan?
El arte no puede ser una obligación para nadie. Ha de estar, sin embargo, sustentado en la educación. El déficit está en la educación cultural de la sociedad, no en el arte. Disparar al arte, por su complejidad o porque puede llegar a ofender, es una respuesta reaccionaria, meramente defensiva. El turismo ha alterado la dimensión del arte, lo ha ampliado pero también en cierto modo distorsionado. La crítica ha de servir de intermediación y a su vez ha de aspirar a ser ella misma una forma de arte.
-En la época en la que vivimos parece que es más fácil poder ejercer la crítica, y día a día nos encontramos con más voces que opinan de arte (entre otros temas) desde diferentes canales y en ocasiones desde el anonimato. Se generan debates, nacen propuestas interesantes pero también aparecen palabras que dañan y que hablan desde el sinsentido. ¿También el arte, los artistas e incluso los propios críticos son ‘víctimas’ de estas?
La crítica aloja en su interior una doble valencia, una negativa y la otra positiva. Gestionar esto es tarea de la dialéctica (hegeliana o marxista). Cuando se centra exclusivamente en la primera puede llegar a ser una forma de autoridad, pero incluso ahí, puede resultar valiosa. Centrada en la segunda puede ser periodismo o publicidad, también válida. Sin embargo ser conscientes de la dualidad ha de conducir a nuevas modalidades de crítica. Ahora con las redes sociales y los canales para dar opinión y juicio parece sencillo criticar. Pero otra cosa es la posibilidad de realizar una crítica elaborada y pertinente.
- ¿En este sentido, el trabajo continuado que realiza desde su blog de crítica -Crítica y metacomentario- es el lugar más idóneo por su independencia en el que se puede desarrollar la crítica?
Así es. Se trata de un espacio de autonomía. No es tanto un lugar para escribir “bonito” sino un lugar para desencadenar el pensamiento a partir de afinidades electivas y pasiones personales. Es una zona para la construcción de subjetividad porque al crítico no debe negársele, como tampoco a ninguna otra persona creativa.
- ¿Cuál es su opinión respecto al sistema artístico español? ¿Qué aplaude de él y qué rechaza o critica del mismo?
Creo que acarrea una serie de déficits por efecto de nuestra historia y su complicada relación con la modernidad. Sin embargo hay una especificidad que es múltiple y muy plural (culturalmente hablando) que hace que por ejemplo mucha gente extranjera no entienda la Historia de España.
-Además de crítico de arte, es usted comisario ¿Cuáles son principales sus líneas de trabajo? ¿Qué le mueve a la hora de escoger a un artista, una obra?
Sí. Lo que no soy es un “selector”. Rechazo la posición del comisario como aquél o aquella que elige (obras, artistas, etc.) En muchos aspectos trabajar en una exposición es también trabajar un “texto” y afanarse en escribir. También hay investigación, diálogo, etc. Luego hay un placer en lo espacial, el montaje, etc. No comisario demasiado, y cuando lo hago siempre hay una motivación dentro que puede ser de tipo autorial o subjetivo, y también de tipo contextual.
-A la hora de hacer una crítica, a la hora de comisariar un proyecto ¿Tira del corazón o de la cabeza?
Sobre todo la cabeza. Pero conectada con las pasiones interiores. Mi trabajo y práctica son bastante reflexivas y por ello me gusta también el arte reflexivo, formal, conectado políticamente.
-¿Es más difícil hacer una crítica en la que se hable de una obra o de una muestra de manera positiva o negativa?
Depende. Ambas pueden ser o muy fáciles o muy complicadas. Una de las tareas de la crítica es deconstruir esta bipolaridad o binarismo.
-Le pongo en un supuesto, que podría ser posible o que tal vez ya no sea posible realizar… ¿Qué exposición le hubiera gustado poder reseñar, a qué artista le hubiera gustado entrevistar, conocer?
Me hubiera gustado poder asistir a la exposición Traffic en el CAPC de Burdeos en 1996, comisariada por Nicolas Bourriaud y desencadenador de la llamada “estética relacional”. Si pudiera rehacer el pasado… Ese año yo acababa mis estudios de arte y no era consciente de muchas cosas. Resulta que poco después tuve una vinculación muy estrecha con esa ciudad francesa y también he conocido y trabajado con artistas que participaron en aquella exposición. Por otro lado nunca conocí en persona a Oteiza pero no es algo lamento, tengo otras vivencias biográficas que completan mi relación con su obra y pensamiento.
-¿En qué trabaja actualmente? ¿Cuáles son sus planes de futuro más inmediatos?
Ahora mismo escribo dos ensayos para sendos catálogos, uno sobre Dora García y otro sobre Sergio Prego.
- La línea de producción de la crítica (consonni) es el título de la obra que usted publicó en 2014. ¿Está trabajando ya en una nueva publicación?
Sí. Tengo un borrador o manuscrito para un segundo libro donde el eje vertebrador es el concepto de “forma”. Necesito sin embargo afanarme más en su elaboración. Tengo igualmente ideas para libros futuros y espero que el tiempo me permita concretarlos y realizarlos.
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