This is a space for criticism, critique and meta-commentary.
Este es un espacio personal para la crítica y el meta-comentario.
“The dialectical critic of culture must both participate in culture and not participate. Only then does he/she do justice to his/her object and to him/herself”.
Theodor W. Adorno, ‘Cultural Criticism and Society’
“Éste es el marco en el que se desarrolla
la temporada 2 de la célebre serie de televisión The Wire, centrada en la ciudad de Baltimore, para la que muchos
fans es la mejor de las cinco temporadas. La investigación policial se centra
en la aparición de un número de prostitutas de Europa del Este muertas “dentro
de una lata”, en la que tráfico de esclavitud sexual detalla la decadencia de
la labor portuaria. El polaco-americano Frank Sobotka, carácter entrañable,
líder y activista principal del sindicato de trabajadores del puerto emerge entonces
en toda su latencia utópica: su complicidad con el crimen organizado y
contrabando de “mercancías” es el precio que debe pagar para que todo el dinero
manchado de sangre que recibía se usara, legal o ilícitamente, para ayudar a
que la actividad portuaria se mantuviera y hubiera trabajo para los
estibadores. Desde su cuartucho de oficina en el puerto, la moral y la ética de
Subotka quedó resumida en la frase: “sabíamos que teníamos que hacerlo aunque
también sabíamos que estábamos equivocados”. Sobotka es un personaje utópico en
la Tragedia griega que es la temporada 2”.
La fusión de dos talentos como Johny Marr y Bernard Sumner dio
lugar a Electronic, uno de los grupos más subvalorados de las últimas décadas y
para el que esto escribe una de las cumbres del techno-pop desde los 90. Los
proyectos paralelos de los otros miembros de New Order (Hook con Monaco, Morris
y Gilbert con The Other Two) no pueden competir con el hedonismo y buen hacer
de Sumner quien, sumando el talento del guitarrista de The Smiths, presento en
1993 lo que puede ser considerado uno de los mejores álbumes de
dance-electrónico alternativo. El primer álbum de Electronic, del mismo título,
es una sucesión de gemas como “Idiot country”, “Get the message” y un par de temas
escritos conjuntamente por Neil Tennant de Pet Shop Boys, “Getting away with it”
y “The Patience of a Saint”. Tennant pone la voz para ambos, el primero una
canción coral con Bernie.
Pero el mejor tema de la colaboración con
Tennant es “Disappointed” un B-Single publicado en 1992 que puede verse ahora
como un tema al más puro estilo de los PSB. Pero es Electronic. Un grupo a
reivindicar entre los más genuinos e imperecederos.
Dentro de La Gran Conversación, antesala del proyecto Estimulantes: Circulación y euforia. 12 de diciembre, Tabakalera, Donostia.
Moderado por Oier Etxeberria y Olatz González.
Sección: Azúcar
Quería comentar el título que está
inspirado en la película Queimada/ Burn,
de Gillo Pontecorvo (1969). En el filme la caña de azúcar es el origen para un
retrato del imperialismo y de los movimientos de independencia contra las
colonias. Primero los indígenas, en realidad esclavos negros traídos desde
Africa pues los colonos tuvieron que aniquilar a los nativos para hacerse con
el control de la isla, y de los criollos después, contra sus amos y del imperio.
Una isla ficticia del Caribe. El imperio se ve que está en manos de las grandes
corporaciones; la Royal Sugar Company controla Queimada, y no el Imperio
Británico o el Portugués. Una alusión al
hecho de que nadie desea tomar el té sin azúcar (en esas casas del café que
prosperaron en el siglo XIX y que es el detonante de la esfera pública y la
crítica de Habermas) es el detonante para que Marlon Brando, William Walker,
vuelva a Queimada a sofocar la revolución que él mismo impulsó años antes.
En el capitalismo un producto o una
comodidad va siempre asociada a otra, creando un sistema de relaciones. Un
producto, el azúcar, va relacionado con otros como el café o el té. En estas
jornadas, las relaciones e interrelaciones entre sustancias, estimulantes,
resulta en sí mismo “estimulante”. Todos estas sustancias están relacionados
con las antiguas colonias en la época del imperialismo. Los intereses
económicos de las potencias coloniales estaban centrados en el descubrimiento y
el usufructo de “nuevos” territorios y sus materias primas.
La creación de un sistema o una
totalidad; un producto o situación que combine los cuatro. Tabaco, azúcar,
café, cacao. Parece que hemos comprobado que sí es posible juntar los cuatro.
La relación entre el café y el azúcar es
un asunto del día a día. Una microrrelación cotidiana. Un lugar para los
microrelatos. Café sí o no. Con o sin azúcar, y qué clase de azúcar. Una
cuestión de decisiones o una microfísica a lo Foucault.
Quería hacer una incursión en otro estimulante
y comentar la escena del café en Kuhle
Wampe o ¿Quién es dueño del mundo? (1932) de Slatan Dudow y Bertolt Brecht.
La única incursión de Brecht en el cine y un ejemplo de teatro épico en el
cine. Es el epílogo de la película. Escena en un tren en Alemania. Un pasajero
lee el periódico en voz alta sobre el incremento del precio del café, el grano,
una noticia proveniente de otro lugar del mundo. Un debate entre extraños sobre
el mercado mundial del café describe las diferentes clases sociales: los jóvenes
idealistas y revolucionarios, el neutral, el burgués, dos amas de casa… el
debate se torna crudo pero en términos razonables, todos intervienen. La
insatisfacción de la clase trabajadora se incrementa. ¿Quién puede cambiar el
mundo? “Los que no están satisfechos”.
El azúcar, el café, ejemplifican como
nada las relaciones entre el fragmento y la totalidad en el actual sistema
global. Muestran la totalidad ausente. Lo micro y lo macro.
El capitalismo se caracteriza por borrar
las huellas de sus devastadoras acciones sobre los seres humanos y la
naturaleza en beneficio de pequeñas e imperceptibles ganancias o comodidades en
la esfera del consumo de las sociedades occidentales.
En Queimada,
el azúcar sirve como metáfora de la relación entre el dominante y dominado. Relación
entre William Walker y José Dolores; la comunicación entre ellos es a través de
la bebida. El inglés Wiskhy (de la malta) / el nativo Ron (de la caña de
azúcar). En dos ocasiones intercambian esta bebida. Pero no consigue gustar ni
a uno y a otro.
El grado de refinamiento del azúcar puede
ofrecernos un indicativo de la explotación que hay detrás. Del blanco al
llamado “moreno”. En una sociedad edulcorada, el azúcar y sus sustitutos están
presentes en todas partes. Sin embargo, el azúcar escapa a la publicidad. Nadie
anuncia azúcar. Su visibilidad y su invisibilidad máxima es uno de sus rasgos.
En la vida cotidiana el azúcar está muy
presente, también en la búsqueda de alternativas. La sacarina es un edulcorante
sintético de laboratorio. Baja en calorías, etc.
¿Es cuanto menos refinado mejor? ¿Y el
azúcar moreno? Pienso en Black Sugar,
Rolling Stones, 1971. Un tema que mezcla de forma polémica y escandalosa los imaginarios
de la esclavitud, la sexualidad, los campos de algodón y el sadomasoquismo y
que es un tema políticamente incorrecto si no racista y sexista.
También tenemos el sirope de agave (la
planta mexicana de la que se extrae el Tequila). La Panela (también conocida
como piloncillo, raspadura, rapadura, atado dulce, panetela, tapa de dulce,
chancaca, agua dulce). La stevia. El futuro es de la stevia, por su gran
capacidad endulzante.
Todos estos estimulantes son el producto
de la modernidad y crecieron al ritmo de la modernización, esto es, a través de
la aceleración de la experiencia y la conquista de lo cotidiano. La modernidad
consistió en un proceso de universalización a expensas de las diferencias. Me
pregunto si en el capitalismo tardío o en la posmodernidad (literalmente en
nuestro tiempo) estos estimulantes son necesarios para alcanzar un grado de
lucidez e inteligencia, inspiración o, por el contrario, se impone su dieta o
más bien su contrario, los tranquilizantes, calmantes, relajantes. (24/7. Late Capitalism and the Ends of Sleep. Jonathan
Crary, sobre los fines del sueño y la conquista del sueño).
Hay una estrecha relación entre ambas,
una retroalimentación entre la necesidad de consumir el café que nos despierte
por la mañana y el relajante después de comer para poder llegar a la hora de
sueño. La principal fuente de excitación estimulante hoy en día son las
pantallas, y el régimen abierto 24/7. No el café, el tabaco, mucho menos el
azúcar y el cacao. Esos son antiguallas “modernas”. Ahora estas sustancias
estimulantes aparecen camufladas, travestidas, en los modos de subjetivación
neoliberal. Pensamos en los refrescos y las chuches como ejemplo máximo de la
edulcorización de la sociedad, pero fijémonos en el mercado de las barritas
energéticas, bebidas isotónicas y geles que están presentes en esa actual
profesionalización del deporte y que vemos en los ultrafondos, maratones y
triatlones sin fin. Deportes de la performance que necesitan de la endurance, de la energía de la glucosa.
¿Quién compra todavía azúcar en el
supermercado? ¿Acaso no es el azúcar la plusvalía que te regalan y que está
incluida en el precio del café?
Max Bill, horizontal-vertikal-diagonal-rhythmus Oleo sobre lienzo, 1942
La actual exposición de Max Bill en la
Fundación Juan March de Madrid pone de relieve la dimensión ética y lúdica del
modernismo estético y su prevalencia a lo largo del tiempo. Las aplicaciones a
la vida de esta estética se demuestran de sobra válidas para nuestro periodo
posmoderno. Uno quisiera vivir en una de esas viviendas rodeado de muebles como
los que ahí se pueden ver y con cuadros abstracto-concretos colgados de la
pared.
Hace no mucho hablaba aquí del diseño del
último álbum de New Order y de Peter Saville: Music Complete New Order. Es difícil no ver en ese trabajo gráfico
la sombra de Max Bill, del mismo modo que es difícil no ver la misma sombra en
la obra de artistas como Sarah Morris y, también, de una manera más integral en
Liam Gillick. Pasando al ámbito de la arquitectura y el diseño de muebles nos
moveríamos en lugares conocidos: funcionalismo y practicidad. La modernidad hizo de lo necesario un
territorio para lo cotidiano y el deleite.
Si la exposición en Madrid es una
oportunidad irrepetible para contemplar la obra de Max Bill, hacerlo mirando de
reojo la propia arquitectura del edificio y sus múltiples detalles técnicos y
materiales amplifica sus efectos; sus gamas de beiges/marrones aterciopelados y
superficies cromadas. Max Bill está como en casa. Y si bajara a tomar un café a
la cafetería encontraría el sabor añejo de las grandes arquitecturas destinadas
a la cultura propias de otro tiempo, y que ya no encuentran acomodo en la nueva
industria cultural donde se impone el palé y el contenedor marítimo como sello
distintivo.
Pero el combo perfecto entre exposición y
arquitectura no acaba ahí, pues la Fundación March nos presenta un programa de
mano como material coleccionable. Un programa de mano A5 donde aparece toda la
exposición de Bill y que obliga al espectador a su uso pues las obras van
desprovistas de su sus cartelas. (Diseño a cargo de Guillermo Nagore). Hay que
guiarse por las cartelas en el programa de mano: un fino trabajo de 4 hojas de
A4 plegadas donde sobresalen 3 hojas de distintos amarillo y, en el centro, la
imagen de Bill como marca de la exposición sobre fondo blanco. Sencillamente
coleccionable y también memorable.
Metacomentario. Una de sus ideas consiste
regresar una y otra a los mismos temas, mirándolos de manera renovada como a
través de un prisma de cristal. Ese es el sentido de este blog. Los temas
siempre reaparecen: forma, estilo, pop, modernidad, historia, periodización,
capitalismo y utopía.
Después de algunas primeras entradas sobre
la exposición Arqueologías del futuro
en la sala rekalde en 2007 (Martin Beck, Carol Bove, Dora García, Mathias
Poledna, Pia Rönicke), este vídeo reproduce ahora una “invasión” animal de la
superficie coloreada. Grabado por Sabel Gavaldón en algún momento de 2010. Diseño
del catálogo y portadas a cargo de Gorka Eizagirre.
¿Qué es este vídeo sino un metacomentario
poético?