| Representaciones del capital los podemos encontrar en los "buques insignia" de las ciudades. Aquí Oslo. |
Una visita a la
ciudad noruega de Oslo iba a concederme un momento para una sorpresa, un
instante de desconcierto y una reflexión. Recientemente he estado en este país
que parece situarse al otro lado de la balanza económica del sur de Europa.
Después de un recorrido por la ciudad, y previa visita a la icónica
arquitectura de la opera, la cual se erige en un simbólico souvenir para el
turista, una reunión me llevó al Henie Onstad Kunstsenter. Construido en 1968
como una donación por un matrimonio formado por los coleccionistas Sonja Henie y Niels Onstad (ella campeona
olímpica de patinaje y estrella del cine en Hollywood, él, empresario) este
centro artístico puede considerarse como uno de los más armoniosos en la
combinación de arquitectura, escala, paisaje, colección y programa. Una delicia
para el visitante que recorre sus salas entre paredes de piedra acementada
(cortesía del mortero brutalista) y detalles de arquitectura de época. Es en el
despacho de la directora, Tone Hansen, donde mi mirada va a fijarse a una
publicación excesivamente familiar. Mientras lo cojo, pierdo la noción del
tiempo y el espacio. ¿Dónde estoy? No tardo nada en darme cuenta de que el
ejemplar que se presenta a mi mirada, y ya entre mis manos, no es otro que el
catálogo del Grupo Gaur, publicado en 1966 con motivo de la exposición en la
Galería Barandiarán de San Sebastián, y que sirviera como fundación del grupo y
la denominada Escuela Vasca. Mientras lo inspecciono, compruebo que todo está
ahí: las páginas a modo de ficha cuadrada, la primera hoja con el manifiesto,
las sucesivas secciones… no falta nada.
| Catálogo del grupo Gaur en Oslo. Ref. arriba a la derecha: "Blandede Int. Utstillinger -1966". El amarillo es de la foto... |
El aspecto físico de la publicación es
sorprendentemente nuevo, parece que no tuviera más de una década. En el lado
superior derecho, una marca bibliográfica señala la publicación como
perteneciente a un fondo de los archivos del centro de arte (también conocido
como HOK). Entonces no solo el archivo como método cobra sentido, sino aquel
concepto articulado en la documenta 12 (2007) y que releía la historia de la
modernidad como la de la migración de la forma. No solo las formas volaban y
atravesaban continentes, en la “era del espacio”, aunque la movilidad fuera
infinitamente menor a la actual, sino que el tránsito acarreaba experiencia,
legado, donación.
En ese momento,
en la situación y sobre la portada del catálogo, le señalo a Tone las figuras
de Néstor Basterretxea y Jorge Oteiza, los cuales ya aparecían fotográficamente
en otra publicación de HOK (en concreto en un ensayo que escribí sobre la
historia de las instituciones artísticas en el País Vasco y que mostraba a los
dos escultores posando con la maqueta para la fundación Sabino Arana, 1979).
Pero antes y después del hallazgo, un par de imágenes vendrían a puntuar mi
interpretación. Llegando al museo una escultura llama mi atención. Situada en
un pasillo, la figura antropomórfica, blanca, podría tratarse de un ejemplo de
modernismo europeo de post-guerra, algo entre Henry Moore y el “modulor” de Le
Corbusier, y posiblemente no llamaría mi atención si no me recordara (tipológicamente)
a una escultura de Oteiza, Figura para el
regreso de la muerte (1950).
La otra imagen que capta mi atención después
de toparme con el catálogo del Grupo Gaur está situada en la pared de mortero,
justo a un lado de la entrada del restaurante y es ésta que reproduzco a
continuación: un relieve de Chillida de mediados de los sesenta en donde la
plaqueta pone simplemente “relief”. Pero en lugar de hacer conjeturas sobre
cómo el catálogo llegó allí y cuándo, prefiero quedarme con la impresión de que
nuestro quehacer, el quehacer de cualquier artista, traspasa fronteras físicas
e imaginarias mucho más lejos de lo que somos conscientes. En la sociedad de la
información esto parece un hecho, y aún así nos sorprendemos cuando
inesperadamente nos llega un feedback del
espacio exterior. Hacer el ejercicio de pensar la migración de la forma en
décadas anteriores supone entonces un desafío apasionante, un recorrido lleno
de narraciones, una morada para el storytelling.
Como esa historia que me narraba Néstor recientemente, acerca sobre un
visitante irlandés que le visitaba hace escasas fechas diciéndole que era un
honor estar en Idurmendieta, pues durante mucho tiempo había especulado sobre
la identidad de ese artista de apellido extraño que había aprendido en casa de
Henry Moore, quien se deleitaba (al final de sus días) contemplando las
imágenes de aquel artista vasco a través del formato XXL de la publicación de
Ediciones Vascas (1977).
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| Eduardo Chillida, "Relief", 1965 |



