Existen grosso modo dos tipologías de agentes dentro del contexto artístico. La primera tipología es la de aquellos que han comprendido lo que significa el capital social y el capital simbólico en el arte. Conocen que el éxito de una posición, proyecto o trayectoria no está tanto en cualquier producción concreta sino en el lugar donde ésta se inserta. A menudo, la misma producción no es más que una excusa, un pretexto para seguir ocupando un espacio en la franja de la publicitación. Artistas, comisarios y también editores forman parte de esta tipología que hacen del Facebookeo y la difusión inmediata (en tiempo real) su modo de actuación. Sabedores de la función del network y las redes, son conscientes de las herramientas y los lugares de legitimación. Conocen el contexto del arte y están conectados a los mecanismos de información. Ven y reconocen las plusvalías simbólicas.
Nunca valoran o juzgan a las obras de terceros por lo que éstas son, sino por lo que representan. Miran si ese artista al que pretenden juzgar está considerado y legitimado por el sistema (comisarial) antes de emitir un juicio. Estos agentes (artistas o comisarios, o editores) tienen páginas web propias y recomiendan a los artistas, comisarios o editores que no las tienen de las ventajas de hacerlo. “No puedes no tener una web propia”, dicen. Aunque esta tipología está en claro crecimiento, se da también la posición opuesta, ya exclusivamente en el bando de los artistas (algo que no tiene nada que ver con el cliché romántico sino más bien con la ingenuidad). Dentro de esta tipología el artista es orgulloso, enfant terrible a veces, alguien que todavía cree en la autonomía del objeto artístico. Esta tipología juzga por lo que ve (me gusta o no me gusta) independientemente del objeto de escrutinio. Esta tipología o no entiende o le da pereza todo lo que tenga que ver con el capital social y simbólico. Cree que el talento se reconocerá al final, que los intrusos y usurpadores serán descubiertos, desenmascarados. No piensan en términos de totalidad (del sistema). El principal problema de esta tipología reside en que actualmente el talento (para el arte) ya no es el principal atributo a la hora de hacer arte. Para que solo el talento se imponga a los mecanismos tiene que darse un salto exponencial de gran calado solo al alcance de una minoría. En un contexto artístico en el que la novedad como principal reclamo ha quedado neutralizado en parte por el posmodernismo y por la saturación objetual, todo lo que nos queda es un arte en el que los resultados son el fruto del esfuerzo, el tesón y una igualdad en la que influyen gran cantidad de factores heterogéneos (y no uno o dos dominantes). La postura de esta tipología es esencialista y humanista. Huelga decir que el comisario/a es el enemigo a batir o al menos una figura altamente sospechosa. La cuestión de la ingenuidad merece un pequeño comentario a fin de no generar malentendidos: el artista puede ser ingenuo en el proceso de producción de la obra (a la vez que auto-crítico), pues es esta tensión la que genera a menudo las obras más “frescas” y sorprendentes, pero el artista no puede ser ingenuo con respecto a los mecanismos en los que esa misma obra se inserta, se insertará o al menos, busca insertar. Existen además zonas geográficas más proclives a generar agentes dentro de cada una de las dos tipologías (por tradición, contexto, herencia y demás). Ahora la cuestión sería determinar qué es lo que ocurre cuando un agente de la primera tipología entra en conexión con la segunda; qué grado de colaboración se produce (si es que se produce). En sí mismas, cada una de estas tipologías (caricaturizas) resulta improductiva o se agota, la primera en la simple replicación de los mecanismos de la ansiedad del sistema capitalista, y la segunda por su ineficacia estratégica con respecto a la totalidad que forma ese mismo sistema. Buscar el equilibrio, personalizar y subjetivizar ese mismo sistema situándonos de manera crítica, conocedores de sus reglas, es lo mínimo que debemos hacer para que la frustración y la desesperanza no nos paralice o nos haga desistir.
















