12/07/2018

Nota sobre Nicolas Roeg



























El pasado mes de noviembre moría Nicolas Roeg (1924-2018), cineasta tardío y de culto cuya luz brilló especialmente en los años setenta y ochenta. Su cine ocupa un lugar destacado en el archivo sentimental de quien esto escribe. Performance, Walkabout, Dont’ Look Now, The Man Who Fell To Earth, Bad Timing y Eureka son las películas que he podido ver, a lo que sumar el recuerdo juvenil de The Witches. Cuando digo “ver” quiero decir disfrutar y repetir, una y otra vez, pues las películas de Roeg no están hechas para un único visionado, sino que en cada nueva mirada ganan en amplitud y profundidad. Nic Roeg fue un representante británico de aquella “teoría de autor” cinematográfico promulgada en el cine europeo de la época, en la que el cineasta es la primera y última fuerza rectora en la producción de la película.

Sus inicios en el cine fueron modestos, y él siempre dijo que entró en el cine porque en frente donde vivía en Marylebone había un estudio cinematográfico. De chico del té pasó a implicarse en otros aspectos de la producción, para más tarde convertirse en director de fotografía al servicio de cineastas tan renombrados como David Lean (Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago), Roger Corman (La máscara de la muerte roja) y François Tuffaut (Fahrenheit 451). Para estos realizó una fotografía en la que resaltaba una cualidad estética inherente y un uso del color personal y subjetivo. El uso icónico del color rojo une las películas de Corman y Truffaut, estableciendo una identidad visual donde se destacaba el rol creativo del director de fotografía.

Cuando tenía planificado el rodaje para su primera película como director en Australia, Walkabout, le ofrecieron poner imágenes al guión de Donald Cammell que daría como resultado Performance (1968-1970), una película epocal inclasificable realizada por artistas, sobre artistas en la que es una de las grandes obras del cine británico. Performance ejemplifica lo mejor de Roeg como alquimista y montador, recurriendo a rápidos cortes en la imagen para generar un efecto de shock en la memoria del espectador. Un agujero similar al que atraviesa el techo de la casa de Powis Square en la que Chas (James Fox) se fusiona con su doble y antagonista Turner (Mick Jagger). Junto al montaje como la quintaesencia del arte cinematográfico, el deleite en una fotografía barroca llena de sensualidad, primeros planos y efectos artesanales que ensalzan el componente contracultural de una película de culto. Performance era, no obstante, una producción en la que Donald Cammell era el alma mater, la biografía que daba cuerpo al retrato del London Swinging, y Mick Jagger el “vehículo”, la estrella (en crisis) que habría las puertas a los grandes productores y al gran público. El resultado habla por sí solo.

De Walkabout (1971) destacaría los primeros diez minutos, que parecen sacados de una novela de J.G. Ballard, en la que el contraste entre la vida alienada en la gran ciudad y el desierto australiano se engarza de manera elegante sin recurrir a los diálogos. Una innovación importante en Walkabout es el uso de la moviola o mecanismo por el cual un mismo plano acontece dos veces a distintas velocidades, uno para el ojo-mente del espectador, y otro donde se recrea esa misma imagen en el ojo y en la mente del protagonista. Este uso del montaje tal permanece como uno de los sellos distintivos al desafiar la lógica lineal del cine narrativo convencional. La escena en Don’t Look Now (otra obra maestra) en la Donald Sutherland y Julie Christie mantienen sexo mientras al mismo tiempo se preparan y visten para salir a cenar en Venecia es otro ejemplo virtuoso de lenguaje cinematográfico como sintaxis, el cual genera pensamiento y subjetividad a partir del corte y empalme. The Man Who Fell to Earth es otra joya que rehace los géneros cinematográficos refundiéndolos en una realización que a cada visionado añade una nueva capa de significado. Una película de ciencia ficción sin apenas “aparato” sci-fi que hace efectivo aquel apelativo dado a la ciencia ficción como el género del extrañamiento cognitivo. Una muestra del talento de David Bowie como un ser camaleónico, único en su especie utópica. 

Resulta difícil resumir el impacto de cualquier filme de Roeg en la memoria y la retina, en la mente y el ojo al mismo tiempo y en un solo golpe. Su cualidad principal residía en la propia química del medio cinematográfico, de la cual él era un alquimista. Un mago que nos entregó poderosas imágenes de terror, psicosis, subjetividad, extrañamiento, ternura y también imaginación desbordante.


Escena del merging entre Chas (James Fox) y Pherber (Anita Pallemberg) en Performance (1968-1970) dirigida por Nic Roeg y Donald Cammell

Dos libros imprescindibles sobre Nicolas Roeg. The World is Ever Changing (2013, Faber and Faber), David Bowie in The Man Who Fell to Earth (Taschen)